La cobarde apelación al miedo

«El miedo no cabe en democracia. Ese es el recurso fácil de los mediocres, o sea, de los dictadores»

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

Gaumet Florido

Un diputado del PP por Extremadura, Juan Antonio Morales, ha pretendido comparar la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno central con la etapa previa a la Guerra Civil. Aludía en un tuit a «tiempos convulsos, de conflictos», y pintaba en la frente del ya jefe de gobierno español el periodo temporal 1934-1936 y, a su lado, colaba una imagen de un grupo de buitres despedazando una presa. A la indecencia del mensaje solo le encuentro una virtud, y es que Morales, al menos, fue de frente, a cara descubierta y poniendo sobre la mesa, en su vergonzante osadía antidemocrática, la estrategia soterrada de esa cara B de la derecha española, la que más me preocupa, la que no termina de asimilar las reglas de la democracia.

¿Y en qué consiste esa estrategia? Recurre a varias armas, pero hay una que sobresale: la apelación al miedo. Aspira a resucitar los odios de la Guerra Civil, a hacer creer a la sociedad que hay riesgos de un conflicto armado si los que gobiernan son otros, si son los que no piensan como ellos, que la democracia está en peligro, que España solo está segura con unos y no con otros. Y me parece una grosería moral porque no sé si sabe este señor, y si lo sabe, lo negará, que en este país aún quedan muchos asesinados de aquel conflicto enterrados sin dignidad en las cunetas, en pozos, en descampados o en fosas comunes de cementerios.

A este señor, que cobra, y bien, gracias a que fue elegido en un sufragio libre, abierto y democrático, se le atraganta que un grupo de diputados nacionales descontentos usen una herramienta constitucional y legítima como la moción de censura para cambiar al gobierno, pero no se le indigesta la que usó Franco, la del golpe de Estado, la de la violencia, para desalojar al entonces ejecutivo español en 1936. Y digo que no se le indigesta porque Morales se va de cenas y recibe premios de los que aún glorifican la figura del dictador. Deberían saber, él, esa derecha radical a la que pertenece (y que ni mucho menos es todo el PP), y también la izquierda más extremista, que el miedo no cabe en democracia. Ese es el recurso fácil de los mediocres, o sea, de los dictadores. Usarlo es de cobardes.