Del director

La censurante que no cogía el teléfono

29/06/2020

Reapareció ayer Melisa Rodríguez, la que fuera diputada de Ciudadanos y ahora portavoz del aparato orgánico del partido, para, entre otras cosas, confirmar que la moción de censura de Santa Cruz de Tenerife no es flor de un día ni el resultado de un repentino berrinche de la concejala Evelyn Alonso. Además de anunciar la expulsión de esta, quizás lo más jugoso de lo dicho por Melisa Rodríguez fue el relato de cómo durante días, muchos días, intentaron ponerse en contacto con Evelyn Alonso y no hubo manera. Teniendo en cuenta que hablamos de los días de la desescalada, habrá que concluir que la mujer decidió no coger el teléfono, pues se supone que andaba confinada. O quizás no contestó a las llamadas porque estaba siempre comunicando: negociaba con Coalición Canaria y el Partido Popular la censura. Personalmente, creo más fáctible esta tesis.

Nada impide negociar una censura cuando los vecinos están preocupados por la pandemia. Cada uno ocupa su tiempo como le parece. Pero se supone que los gobernantes responsables, o los que aspiran a ser, como era el caso de Evelyn Alonso hasta que tomó posesión en el pleno, deberían haber estado en esos duros días del confinamiento y de la sucesión de contagios enfrascados en cómo ayudar a los demás y en llamar al equipo de gobierno a ver dónde o en qué podían echar una mano. Es lo que se llama solidaridad. Pero ya se ve que esto va de otra cosa.

Y va básicamente de tener cuotas de poder. Coalición Canaria recupera una plaza que para ellos tiene el valor simbólico de Covadonga para los castellanos, mientras que el PP canario cree que gana enteros ante Madrid -esa es su única obsesión- demostrando que han sido capaces de doblegar al enemigo socialista, de manera que cuando alguien pinte el mapa de las capitales, habrá una en la que se pueda poner el azul del PP a medias. Con ello, además, este Partido Popular de Canarias quieren seguir avanzando para su gran sueño, que no es otro que desbancar a Ángel Víctor Torres de la Presidencia y poder llamar así a Pablo Casado para darle la buena nueva de que también han conseguido una autonomía para la causa. Para ello, dan por bueno aliarse con CC, el partido que les comerá votos en cada cita electoral, como también ayudarse de los restos de Ciudadanos -Vidina Espino y lo poco que va quedando de la formación naranja- y, por supuesto, Casimiro Curbelo. Claro que esto último es harina de otro costal: todos cuentan con él y él al final es dueño y señor de su destino. Y del de todos.