Opinión

La alegría no daba para mucho

11/11/2019

El hartazgo evidenciado por los ciudadanos en los últimos meses ante la incapacidad de los partidos políticos para llegar a un acuerdo y que ha obligado a ir a una segunda convocatoria de elecciones en un mismo año también se siente en los partidos políticos.

La noche electoral de ayer en el PP no tenía nada que ver con cualquier otra cita de similares características del pasado. Sin apenas simpatizantes ni afiliados -cuando salió María Australia Navarro habría unas 40 personas siendo optimistas-, muy pocos cargos orgánicos y de peso del partido -habría unos 10 ó 15 echando por lo alto- y sin música ni himno que acompañara la entrada y salida de la presidenta de la organización al final de la noche, aquello daba poco margen para la fiesta a pesar de que el lugar elegido por el PP para ser sede electoral: la terraza TAO, invitara a ello al igual que el servicio de catering y barra dispuesto para la ocasión.

También eran motivo para una gran fiesta los resultados: el PP lograba mejorar los apoyos de hace siete meses y conseguir un diputado más e incluso un senador, además de haber neutralizado a Ciudadanos, un competidor directo del que se llegó a decir hace meses, cuando se hablaba del famosos sorpasso, que iba a comerse al PP..

Pese a que había ingredientes para la marcha no la hubo. El PP es consciente de que ellos han podido avanzar (a nivel nacional ganan 22 diputados) pero la situación cambia poco con respecto a la que había.

Los populares siguen teniendo lejos la posibilidad de formar gobierno -y lo saben- ante un Congreso de los Diputados cada vez más fragmentado y en el que la izquierda más radical avanza: la CUP logra dos diputados y Bildu, entre otras formaciones, consigue un escaño más.

Sus opciones no son muchas así que la alegría era ayer contenida mientras en los corrillos se culpaba a Pedro Sánchez por haber convocado unas elecciones que «han empeorado» el escenario y a Albert Rivera, por no haber sabido pactar a tiempo con el PSOE para evitar un pacto «que a priori se prevé complicado».