El juego del calamar

«La isla de La Palma está harta de fotos y victimismo, quiere soluciones eficaces sin trabas burocráticas y nadie debe quedarse en el camino»

Rafael Falcón
RAFAEL FALCÓN

El volcán de Cumbre Vieja sigue su curso. La agonía continúa y la lava cicatriza a una isla que se ve desbordada ante la magnitud de la tragedia y que pide agua por señas. Todos esperan ya el fin de esta erupción, de esta pesadilla, pero mientras esto sucede y la madre naturaleza decida poner fin es hora de que las promesas institucionales se plasmen. La Palma está harta de fotos y victimismo, quiere soluciones eficaces sin trabas burocráticas.

Pedro Sánchez regresa nuevamente a la Isla Bonita. Parece que en su plan estratégico de lavado de imagen -ayer fue abucheado en Madrid- quiere acercarse al pueblo, pero a nivel político todo tiene que ver con una estrategia. Está bien que todas las autoridades acudan a La Palma y muestren su apoyo y solidaridad. Recordar que la última visita del presidente del Gobierno de España coincidió con el mitin de Casado en Valencia en el final del congreso del PP. ¿Coincidencia?

Los palmeros no están para tonterías. De la noche a la mañana, muchos ciudadanos se han quedado sin nada. Han visto cómo sus vidas han dado un giro inesperado y el desarraigo y desaliento se ha apoderado de ellos. Hay miles de personas desalojadas. Barrios, como Todoque, que son historia y otros, como La Laguna, que ahora viven ese trauma de la incertidumbre al albur del avance de la lava.

'El juego del calamar' es una serie surcoreana que arrasa en Netflix y que narra la historia de un grupo de personas en riesgo de exclusión que arriesgan sus vidas en una misteriosa competición de supervivencia, basada en juegos infantiles. Su éxito debe invitar a la reflexión de la sociedad actual. En La Palma, casi un mes después del inicio de la erupción, no están para juegos ni para misterios, y nadie debe quedarse en el camino. Solo quieren soluciones eficaces y palpables.

La labor de reconstrucción de La Palma no se ha iniciado y ésta no arrancará con compromisos, sino con hechos y para ello hace falta que toda la cadena humana que compone la administración pública se ponga las pilas.

«No nos dejen solos». Es la frase más ocurrente entre los afectados. Ya le están viendo las orejas al lobo, y es que cuando el volcán se apague, que es cuando debe iniciarse de verdad la operativa, el foco mediático remitirá y La Palma seguirá siendo una isla en el Océano Atlántico en la que muchos siguen sin saber ubicarla en un mapa. La Palma sigue herida y esa cicatriz merece una sutura solidaria e inmediata, con un plan definido.