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Un paseo por la historia de 546 años

Opinión

Un paseo por la historia de 546 años

«Pasear por la historia de la ciudad es acercarse a su patrimonio, es dar posibilidades a una mejor y más concreta comprensión del pasado de la ciudad, desde la base de la realidad ciudadana actual»

Juan José Laforet

Cronista Oficial de Las Palmas de Gran Canaria

Miércoles, 19 de junio 2024, 23:18

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Muchas veces me he preguntado cuanto de realidad y cuanto de ficción tiene el conocimiento y, por ende, la imagen de la ciudad que construimos en nuestro imaginario con el discurrir de los años. Esa imagen que se nos transmite y que nosotros, consciente o inconscientemente, contribuimos a difundir y enraizar entre conciudadanos, y hasta entre foráneos. Esa ciudad que es nuestro entorno vital, que nos brinda infinidad de posibilidades, pero que también nos condiciona, que nos puede hasta avasallar por momentos. Un orbe que incluso tiene vida propia, que puede ser un absurdo o un parecer una quimera. Y ante ello, ante esa imagen que podemos tener de la ciudad, que poseemos como algo propio, surge siempre la duda, la ciudad ¿realidad o ficción? ¿Patrimonio vivo, o invención?

Las Palmas de Gran Canaria cumple 546 años de existencia, y, desde ese primer día, pueden ser muchas las quimeras, las leyendas urbanas, los mitos que plagan su tránsito por siete siglos diferentes entre 1478 y 2024. ¿Ciudad joven, como se suele reiterar, o madura, tras vivir muchas y sustantivas experiencias que conformaron su devenir? Una interrogante que sólo se resuelve desde la reflexión y el análisis que hoy hagamos, desde la perspectiva con la que nos interese contemplarla. Y es que, como señalaba el escritor chileno Luis Sepúlveda «la historia no es el pasado, la historia es el presente, el presente en el que se construye el futuro» (2009). Por ello, y a tenor de lo que sugirió el historiador británico Edward Hallet Carr, sobre como «la historia es un proceso entre el historiador y los hechos, entre el pasado y el presente, entre la sociedad de ayer y la de hoy» (1961), la historia y el patrimonio vivo de una ciudad tiene, o tendrá mucho que ver, con la actitud y el interés de su ciudadanía ante su ciudad, con un proceso de interrelaciones de ese vecindario con el pasado y el presente de su urbe y sus valores patrimoniales, de conocer, lo mejor posible, las semejanzas y las distancias entre la sociedad de épocas anteriores y la actual.

Así, encontraremos que, en buena medida, la historia de nuestra ciudad se plasma en el patrimonio cultural urbano, en ese amplio, disímil y complejo conjunto que, como ha señalado la UNESCO, «no se limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativas a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional» (2004). La relación de la ciudadanía, su forma de habérselas con él, definirá la existencia de un verdadero «patrimonio vivo» -o, por el contrario, «olvidado»-, que será expresión de un conocimiento consciente y suficiente de la historia de esa ciudad, y su significado entendido desde la realidad actual.

Una buena manera -aunque, indudablemente, hay muchas otras- de acercarnos, vivir y vivificar ese «patrimonio histórico-cultural», y con ello conocer y entender mejor nuestro pasado, es pasear detenidamente por esos lugares de la urbe donde se encuentran elementos significativos y elocuentes del devenir de la ciudad, en este caso la capital grancanaria a través de sus 546 años de vida. Tanto que la profesora Silvia Alderoqui, consultora en el área de educación y curaduría educativa en museos, ha dedicado un libro a los 'Paseos urbanos. El arte de caminar como práctica pedagógica' (2013). Y en Las Palmas de Gran Canaria tenemos la suerte de contar con una herramienta de este tipo, la de esos paseos históricos que, desde el mismo 500 aniversario de la fundación de la ciudad, cuando tuvo lugar un primer «paseo» en el que intervinieron el catedrático Francisco Morales Padrón y los investigadores Francisco Caballero Mujica y Alfredo Herrera Piqué, el lunes 19 de junio de 1978, así como «un paseo por los patios de Vegueta» la misma víspera fundacional, se celebran por calles, y plazas, ante monumentos y paisajes urbanos significativos, en lugares donde la leyenda urbana se ha mantenido y se ha instituido en elemento identitario. Unos paseos que, cada mes de junio, desde hace varias décadas, se conocen como 'Paseo Nocturno por la Vieja Ciudad' y se convocan dentro del programa oficial de las Fiestas Fundacionales, con una presencia muy amplia de público. Unos paseos que cuajaron poco a poco -incluso, en los primeros años, se celebraron dentro de las actividades culturales de la Semana Santa, de la década de los años ochenta del siglo pasado-, y que luego se han extrapolado a distritos y barrios concretos del municipio, con motivo de sus celebraciones locales o de determinadas efemérides.

Pasear por la historia de la ciudad es acercarse a su patrimonio, es dar posibilidades a una mejor y más concreta comprensión del pasado de la ciudad, desde la base de la realidad ciudadana actual, es posibilitar que cada vez se extienda más y más el conocimiento de ese legado y, como ha señalado Elena Navas, arqueóloga del Ayuntamiento de Almuñecar, «cuanta más gente conozca el patrimonio, más posibilidad hay de conservarlo» (2018), y con ello se construirá entre ciudadanía e instituciones un verdadero «patrimonio vivo» que señale, distinga, dignifique y honre a una ciudad que, a través de él, puede conocer bien su tránsito de 546 años, mirar al futuro y soñar la ciudad que se debe modelar en el futuro. A ello se une, y enriquece esta actividad, tal como expresa Karl Gottlob Schelle, en 'El arte de pasear', que «los paseos por la ciudad y sus alrededores es la idea de la vida en sociedad la que predomina en los sentimientos del alma, incluso aunque el recorrido se lleve a cabo en absoluta soledad…» (1996). Las Palmas de Gran Canaria es una comunidad que ha debido afrontar ese imprescindible convivir social, en muy diversas épocas y circunstancias, cuando, como apunta Domingo J. Navarro, en sus 'Recuerdos de un noventón', el «lamentable estado de la población no dejaba de armonizar con las costumbres de sus moradores» (1895). Un cronista que, en las primeras páginas de sus memorias, deja un sugerente paseo por las calles y entornos de la ciudad del pasado, que hoy hacemos ante los restos urbanos y monumentales que nos quedan, y así, desde una perspectiva actual -como él, con una mirada pesimista del pasado, concibió desde su realidad de finales del siglo XIX- hacer una reflexión sobre el pasado.

Pasear por la historia de la ciudad es en sí mismo un evento que constituye un verdadero «patrimonio inmaterial», pues como también apunta la UNESCO este se basa en la propia comunidad, y «sólo puede serlo si es reconocido como tal por las comunidades, grupos o individuos que lo crean, mantienen y transmiten. Sin este reconocimiento, nadie puede decidir por ellos que una expresión o un uso determinado forma parte de su patrimonio». Pasear por la historia de 546 años de Las Palmas de Gran Canaria, especialmente en estos días conmemorativos de su fundación, que encierran además otras señaladas efemérides, como el 425 aniversario del ataque de la gran armada del almirante holandés Pieter Van der Does, o propuestas de recuperación de un hito ineludible para la identidad de la ciudad como es el Guiniguada, como ha hecho en estos días la alcaldesa Carolina Darias, es tanto una oportunidad, como un deber ciudadano, para entre todos conformar un efectivo y enriquecedor patrimonio que transmitir a las futuras generaciones.

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