Ciudad, música, filarmónica y Jerónimo Saavedra
Si el nombre de Sociedad Filarmónica de Las Palmas es ineludible para entender la evolución y arraigo de la música en el seno de la capital grancanaria, el de Jerónimo Saavedra lo es para esa evolución cultural, de enorme efecto en todos los ámbitos, que ha disfrutado Canarias en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del actual
En aquella primera ciudad que, básicamente, conformaban los barrios de Triana, Vegueta y las aún poco pobladas laderas de los 'riscos', la primigenia Catedral se ... alzaba no sólo como un elemento religioso, sino como un verdadero centro para el espíritu, la sociedad y la cultura. En su orbe se reunían cada año, como disponía el 'Fuero y privilegio real desta isla de Canaria' (1494), «la justicia y los seis regidores, y el procurador y el escrivano del consejo», y se elegían cargos públicos para el año siguiente. Acogió las solemnidades y los actos civiles más señalados. Fue ágora para el teatro, pues en su entorno se representaron pasos, sainetes o comedias, como la célebre 'Comedia del recibimiento' (1582), de Bartolomé Cairasco de Figueroa, considerada por varios autores como «obra fundacional de la literatura canaria», y la música comenzó a germinar como columna vertebral del ser y sentir cultural isleño, de esta encrucijada atlántica de civilizaciones, de este crisol de culturas que ha sido Gran Canaria. Y entre sus paredes resonaron los versos de Cairasco que señalaban, precisamente, como «La música es concordia / de voces diferentes / con arte reducidas a un sujeto, que no admite discordia / como suelen las gentes / y el alma es su lugar y propio objeto.»
En ese ámbito, poco a poco a través de los siglos la música y la urbe crecieron y definieron a la ciudad, a esos espacios urbanos que Benito Lentini, a comienzos del XIX, se empeñó en remozar y modernizar, mientras hacía música y acrecentaba el sentido de la cultura musical en el seno de la sociedad civil. Si el compositor e ingeniero civil de origen griego, pero parisino de adopción, Iannis Xenakis apuntaba como «hacer música o arquitectura es crear, engendrar ambientes que envuelven sonora o visualmente», el siglo XIX en Las Palmas de Gran canaria va a ser testigo de esa evolución urbana acompasada por la presencia elocuente de la música. Como una catedral en sus comienzos, dos teatros y un auditorio, serán hitos tanto de la evolución urbana, como la de la cultura musical, en los siglos XIX, XX y XXI. El Teatro Cairasco, a partir de 1846, será el orbe que señala como esa cultura trasciende de los ámbitos eclesiásticos a los civiles, y marca todo un nuevo entorno urbano con una plaza y una alameda que hacen de ágora civil, a modo de primigenia 'red social' donde se genera 'opinión pública'. Luego aparecerá el Teatro Pérez Galdós, que, desde finales del siglo XIX, será exponente de ese gran esfuerzo que la sociedad grancanaria hace por su progreso y modernización a todos los niveles, y será tótem cultural a lo largo de todo el siglo XX. A esta historia, y para abanderar el futuro en el sigo XXI, desde nuevos espacios y ámbitos urbanos, elocuentes del gran cambio que ha tenido la ciudad, aparecerá el Auditorio Alfredo Kraus, con un entorno arquitectónico que también nos habla de las nuevas sendas y estrategias de la acción musical. En todo ello se entiende mejor a la célebre cantautora canadiense Joni Mitchell cuando ve a «la música como arquitectura fluida».
Las Palmas de Gran Canaria nació y creció a lo largo de siete siglos diferentes, en los que se ajustó su evolución urbana y social, con mayor o menor fortuna en cada momento histórico, a los movimientos culturales que le llegaban, que buscaba o que surgían en ella. Los espacios urbanos son por ello exponentes, en la vida cotidiana de la ciudad, de esa historia cultural, donde la música ha tenido un papel destacado y solvente, y sus calles y plazas lucen los nombres de personajes y eventos relacionados con la música desde que, en el siglo XIX, se generalizó la costumbre de oficializar la nomenclatura de sus vías y parques. Cairasco, Lentini, Saint Saëns, Stagno, Alfredo Kraus, Santiago Tejera Ossavarry, Hermanos García de la Torre, Claudio de la Torre, Lola de la Torre, José María Tarridas, Rafael Dávila, María Suárez Fiol, Isabel Macario, Brito Lucy Cabrera, entre muchos nombres, a los que se unen los de célebres compositores de la música universal.
Pero, a sabiendas de que aún faltan algunos que incorporar, y de que, como señalara cronista Carlos Navarro Ruiz, en el prólogo a su 'Nomenclátor de calles y plazas de Las Palmas' (1941), que si «la nomenclatura de las calles es función interesante de los Municipios, que debe ser mirada con el mayor detenimiento para evitar errores de difícil y enojosa rectificación», pues se trata de un «alto honor reservado a los que contribuyeron al engrandecimiento del país, realizaron el bien general con sus concesiones, y se han distinguido por su patriotismo, servicios relevantes o por grandes méritos artísticos, literarios o científicos», en estos días de noviembre de 2025, cuando la Sociedad Filarmónica conmemora el 180 Aniversario de su fundación, hay que resaltar como el agregar el nombre de Jerónimo Saavedra a un espacio público viene también a completar ese catálogo de personas e instituciones, imprescindibles para concebir el devenir de la cultura musical, y su trascendencia social, en Canarias.
Si el nombre de Sociedad Filarmónica de Las Palmas es ineludible para entender la evolución y arraigo de la música en el seno de la capital grancanaria, el de Jerónimo Saavedra lo es para esa evolución cultural, de enorme efecto en todos los ámbitos, que ha disfrutado Canarias en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del actual, con un reconocimiento a nivel internacional, y que ha hecho de la música verdadera bandera cultural del Archipiélago, y en especial de Las Palmas de Gran Canaria. Por ello, aunar sus nombres, Sociedad Filarmónica y Jerónimo Saavedra, en un espacio tan significativo de la evolución urbana y socio cultural de esta capital, como la Plaza de la Música, junto a un hito arquitectónico, urbano y cultural de la ciudad del siglo XXI, como es el Auditorio y su entorno, es mirar al futuro y es comprender que los nombres de las calles y las plazas son páginas de un gran libro de historia ciudadana.
Y precisamente en su homenaje, en el momento en que se plasma su nombre en un espacio urbano, se puede recordar como el propio Jerónimo Saavedra apuntaba, no hace muchos años, como es «habitual identificar a las ciudades por su urbanismo, por sus barrios históricos, por su patrimonio arquitectónico y artístico. Su estilo, su espíritu, los marginamos o no nos interesamos por captarlos», y se apenaba porque no se ha valorado suficientemente lo que muchas generaciones «han dado a la ciudad en la construcción de su espíritu, de su encanto intangible». Ahora se aúna urbanismo y cultura musical, o sea, esa identidad que surge de la conjunción de aportaciones, de las que han realizado instituciones y ciudadanía, en este caso Sociedad Filarmónica de Las Palmas por un lado y Jerónimo Saavedra por otro.
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