

Secciones
Servicios
Destacamos
Se preveía un debate de investidura duro, tenso y especialmente caliente. Las masivas concentraciones en toda España en los días previos alimentaron una división social que, evidentemente, se trasladó a un Congreso de los Diputados blindado, escenario donde sucedieron cosas realmente desagradables, casi todas ellas protagonizadas por el partido que dirige Abascal.
Vox se ha convertido en un movimiento que traspasa la actividad política, es un grupúsculo alimentado por diferentes ideologías, desde falangistas clásicos hasta conservadores descontentos del PP, pasando por miembros de diferentes grupos ultracatólicos, de dudosa reputación, hasta negacionistas de casi todo.
A la cabeza, un Abascal que volvió a pasar los límites, denunciando que aquello no era un debate ni una votación, sino un golpe de Estado -qué barbaridad-, haciendo frívolas comparaciones con Hitler o abandonando junto a todos sus diputados cuando lo que les tocaba era escuchar las réplicas, quizás en un show que es más bien cobardía democrática.
La difícil papeleta de Feijóo es preocupante para el PP. Se le nota al gallego su evidente incomodidad con esos compañeros de viaje, que los arrinconan y les obliga a virar el discurso continuamente, facilitando además al resto de partido ese famoso cordón sanitario. Claro que es necesario un partido conservador y liberal en cualquier país democrático, claro que el PP ha hecho cosas muy importantes para España desde su fundación y sus diferentes etapas en el Gobierno. Pero haría bien el PP en alejarse, de una vez, de ese delirio llamado Vox, que está jugando a un juego muy peligroso.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para registrados
¿Ya eres registrado?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.