Uno de tantos conciertos. / EFE

El jolgorio y los alquileres

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

La covid-19 ha puesto de manifiesto las penosas costuras del sistema sanitario. También ha revelado la debilidad del sistema educativo y, además, ha sacado a la luz la fragilidad del sistema público de servicios sociales. Se quejan las personas mayores, con razón, del maltrato que sufren como rehenes de macroempresas dedicadas «al cuidado». Y se queja la juventud de la falta de perspectivas y la basura de planeta que les estamos dejando.

Ahora se suma a la queja la llamada «clase media», el buque insignia de los partidos políticos y a los que se ha venido destinando la fanfarria festivo-cultural. Según hemos «superado» la pandemia, el sistema propagandístico-electoral ha renovado el impulso y no hay día en el que no se pueda elegir entre varios «eventos-nunca-vistos» para celebrar la vuelta a la «imbécil-normalidad».

Pero para mantener este frenesí, tienen que seguir llegando a las islas millones de turistas, porque nosotros no tenemos dinero para financiar tanto jolgorio. Y tienen que llegar tantos que ya no nos caben en el parque temático del sur. Ahora se desparraman por las ciudades, expulsando de sus viviendas de alquiler a la vecindad que no puede hacer frente a los altos precios.

Pero han sido, precisamente, muchos de quienes hoy necesitan esos pisos quienes más han aplaudido que las ciudades se convirtieran en parques de atracciones, con tal de aprovechar cada fin de semana la amplia oferta «cultural». No se percataron que al hacer atractiva la ciudad, pronto vendrían otros a sacarle mejor partido que el pobre consumidor local.

Canarias se privatiza, y la ciudadanía estorba, incluyendo su antigua clase media, que comienza a sufrir lo mismo que viene padeciendo durante décadas el 40% de la ciudadanía en las islas, sumida en la pobreza desde tiempo inmemorial. Esa a la que no hemos escuchado porque no se dejaba caer por Twitter para quejarse.