Insularidad

Decir que existe una literatura canaria específica frente al resto de la literatura, como concepto especial y unívoco, es algo que no acabo de entender

Emilio González Déniz
EMILIO GONZÁLEZ DÉNIZ

Se ha presentado la nueva edición del Encuentro de Literatura Hispanoamericana, que se celebrará en otoño en los Llanos de Aridane. Este año está dedicado a México, porque en México la gente escribe en nuestra propia lengua, con sus variantes. Y siempre surge el debate cansino que lleva décadas, sobre si existe realmente una literatura canaria. Y este es un debate que se resuelve con una paradoja (parajoda, que diría Carlos Fuentes): cada pueblo está mediatizado por su historia y su geografía, y debo reconocer que nuestra historia está llena de hechos e influencias que necesariamente han determinado una forma de ser colectiva, distinta incluso en unas islas que en otras, y diversa dentro de cada isla. Decir que existe una literatura canaria específica frente al resto de la literatura, como concepto especial y unívoco, es algo que no acabo de entender.

Los canarios, por historia, geografía y sociedad, escribimos bajo esa influencia. Es cierto, pero también lo es que bajo esas mismas influencias escriben los extremeños, los islandeses y los nigerianos. Y se produce entonces la mencionada paradoja: precisamente porque tenemos nuestras propias coordenadas, porque somos distintos -como todos-, somos iguales a los demás. Seguramente este argumento puede ser usado al revés, y ese doble uso es el que me hace pensar que nuestra literatura es simplemente literatura sin más apéndices que los de la lengua en que se escribe. Por lo tanto, no encuentro qué diferencias notorias hay entre un escritor canario y otro que no lo es. Además, a la velocidad que avanzan la tecnología y la comunicación, cada día es más difícil ser canario, lituano o neozelandés. Aunque, es posible que tuviera razón Nicolás Estébanez cuando dijo que seguiríamos siendo canarios aunque desaparecieran del mundo las fronteras; supongo que con ello queda claro que ser isleño es determinante, siempre sabemos exactamente donde empieza y acaba nuestra tierra, que crece y disminuye en superficie dos veces al día en razón de lo que suben y bajan las mareas. No hay un hecho geográfico más influyente que la insularidad.

Pero esa insularidad que nos hace especiales no es exclusiva de los canarios. En nuestro planeta hay más de cien mil islas habitadas, todas ellas con su geografía, su historia y sus costumbres; por poner un ejemplo, solo en Filipinas hay más de siete mil islas, por lo que es matemático que los filipinos son mil veces más isleños que nosotros. Así que, tampoco la insularidad es un valor tan raro. ¿Es que en el caso de que se estime que existe o no una literatura canaria específica voy a cambiar mi forma de escribir? No lo creo, ni yo ni nadie. Por lo que se respira por ahí, ser escritor canario parece implicar una especie de nacionalismo literario. Soy escritor y canario, y sin embargo no sé qué significa todo eso; debo ser un caso perdido. Es frecuente que, cuando alguien tiene noticia de que escribo novelas me suelta la pregunta de imposible respuesta: «¿Escribe novelas canarias?» No sé a qué se refiere. Supongo que si son escritas en Gran Canaria por alguien nacido en la isla, las novelas serán canarias. No sé qué gentilicio merecerá la parte de mi obra que transcurre en el vecino territorio del Sahara Occidental, o las secuencias que tienen su escenario en Latinoamérica, Madrid, París o Barcelona. ¿Y las partes de algunas novelas que fueron redactadas fuera de Canarias son literatura canaria?

Por lo tanto, creo con otros muchos que la literatura no tiene más patria que la lengua en que está escrita. Sería entonces un componente de un mundo literario, el castellano-español-hispanoamericano, en el que han hecho y hacen su obra autores y autoras que carecen de complejos. Porque complejo es pretender instalar siempre la obra fuera del territorio que uno conoce para intentar eso tan repetido de la universalidad; o por el contrario, rayar en el localismo más radical. A decir verdad, no conozco a nadie más canario que otro canario. Es una cuestión geográfica, no una virtud teologal. No intento demostrar nada, no escribo contra nadie, ni para ser más universal o más canario. Escribo en español porque esa es mi lengua; si Ben Farroux, Don Diego Perestrello, Van Der Doez o Lord Nelson hubieran colonizado Canarias en lugar de los castellanos, hoy escribiría en hassaní, portugués, flamenco o inglés. Pero sería escritor, y canario, y habitante de este planeta.