La hora de saber dónde estamos

Fitur arranca hoy como un gran acto de fe en el turismo

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Este año la Feria Internacional de Turismo (Fitur) arranca en Madrid con aroma a acto de fe. Más o menos se resume en que países, empresas, autonomías y ayuntamientos están allí para promocionarse confiando en que llegue un momento en que sepamos exactamente en qué fase de la pandemia estamos. Porque hay momentos en que nos dicen que esto ha terminado, que podemos quitarnos la mascarilla y que la normalidad -la de verdad, la de antes de 2020- regresa por completo, y un día después aparece una nueva variante y todo cambia: vuelta a la mascarilla, nueva dosis de la vacuna, restricciones variopintas, con cada administración gobernándose por su cuenta... y los sanitarios penando porque ya nadie se acuerda de que siguen ahí, en primera línea y expuestos, por si fuera poco, a los bulos, los antivacunas, los negacionistas...

En este parón obligado por el coronavirus, el sector turístico ha hecho sus deberes. Al menos en Canarias. Los empresarios aprovecharon que había músculo financiero, acometieron reformas en las instalaciones mientras estaban cerradas o prácticamente vacías y reabrieron con la esperanza de que lo peor ya había pasado. Otra cosa es que si surge una variante altamente contagiosa, como es ómicron, en temporada de invierno, el destrozo para un destino como el nuestro es mayor que para otros lugares.

Fitur debe servir también para chequear cuánto se está transformando y con qué velocidad el negocio turístico en su conjunto. Todo indica que la actividad de vuelos de bajo coste, que vivía en una burbuja que ya estaba pinchando antes de la pandemia, ahora se está reinventando y se quedarán por el camino unas cuantas compañías. Otro tanto cabe decir de la actividad de cruceros: por más que los protocolos son muy estrictos, siempre hay contagios y veremos cuánto tiempo aguantan las navieras, cuántas igualmente echan el ancla de forma definitiva y si en lugar de megacruceros, iremos otra vez a formatos más pequeños.

En cuanto a la digitalización, si antes era una apuesta a medio plazo, ahora es urgente. Solo el hecho de la irrupción del certificado covid obliga a las empresas a tomarse en serio que ese tipo de controles ha venido para quedarse, ya sea por este coronavirus o por los futuros. Razón de más para que las ayudas prometidas por Europa y el Estado a esa innovación tecnológica lleguen en tiempo y forma.

Fitur, en suma, es un acto de fe pero sirve como termómetro del estado de salud de nuestro motor. Y ojalá lo siga siendo.