Un martes cualquiera

Gran Canaria nos necesita

20/08/2019

Que triste es mirar hacia la cumbre desde casi cualquier punto de la isla y ver el humo negro salir incesante de las montañas. Como duele presenciar la voracidad del fuego arrasar con el verde del centro de nuestra querida Gran Canaria, llevándose por delante flora y fauna, aquella que tanto queremos pero que por inconsciencia descuidamos pensando que nada le puede pasar. Decir adiós a nuestro pulmón con el abrasamiento de Tamadaba, ser testigos de una hecatombe medioambiental y no poder hacer lo más mínimo por evitarlo. Endemismos calcinados, viviendas destruidas, animales muertos, pinares hechos ceniza... Pero este agosto maldito, quizás el más negro de nuestra historia, debe servir de punto de inflexión para empezar respetar la naturaleza y valorar lo que tenemos ahí arriba, en nuestra cumbre que ahora es pasto de las llamas.

«Es momento de ayudar a los evacuados y facilitar el trabajo a los profesionales, y no de hacer política y criticar sin parar»

Porque, ¿a quién no se le desgarra el alma viendo a ancianos teniendo que salir de sus casas en plena noche, con el agobio de pensar si cuando regresen van a encontrar sus tierras y sus animales en buen estado, o solo un montón de ceniza? Y lo peor es que aunque todo empezó con el ya tristemente famoso soldador, lo que vino después apunta a pirómanos, enfermos que quisieron aprovechar el desastre que causó esta imprudencia para prolongar el terror en toda la isla. Al primero, reprimenda pero comprensión. No castiguemos un descuido, el pobre hombre ha tenido que sufrir lo indecible viendo lo que sin querer había provocado. ¿Quién no ha cometido un error? Su drama es que las consecuencias del suyo son incalculables. Pero a los que han prendido las llamas intencionadamente, esos no merecen ningún perdón.

Lo único positivo, por decirlo de alguna manera, es la respuesta de la población. La cumbre ocupa una pequeña parte del corazón de cada grancanario y ante la imposibilidad de subir a la montaña como si es con un balde de agua, como a casi todos nos gustaría, algunos han abierto sus viviendas para alojar a personas o animales, y otros están en los albergues ayudando a dar cobijo a las víctimas de esta desgracia. Ellos son el ejemplo, y no los curiosos que suben al monte dificultando el trabajo de los profesionales, tampoco los que aprovechan para hacer política con la desgracia de sus conciudadanos, y menos los que desde el sillón de sus casas se dedican a criticar y dar lecciones sin conocimiento alguno a través del vertedero de Twitter. Que si hace falta tener hidroaviones en la isla, que si la cobertura de los medios llega tarde y es mediocre... Que fácil es meterse con el trabajo ajeno desde el ordenador o el móvil. Dejemos a un lado el enfrentamiento y unámonos ayudando a los evacuados y a los animales desamparados, enviando fuerzas a los profesionales que se desviven extinguir el fuego y, cuando todo termine, en prevenir para que esta pesadilla no vuelva a ocurrir. Gran Canaria nos necesita ahora más que nunca.