Giorgia Meloni, ganadora de las elecciones en Italia. / EFE

El futuro de la UE

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Basta echar un vistazo a la historia para darse cuenta de que Europa ha pasado más años en guerra que en paz. Demasiados países e identidades, pero también intereses, en un territorio que, al fin y al cabo, tampoco es tan grande.

Sin embargo, el nacimiento de la UE, o mejor dicho, su antecedente más remoto en lo que fue la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), allá por los años 50 del siglo XX, supuso un punto de inflexión en el devenir reciente de los europeos. El duro escarmiento de dos terribles guerras mundiales les llevó a cambiar su hasta ese momento habitual régimen de convivencia. Y la experiencia fue calando tanto que de los 6 estados miembros originales se ha pasado a los 27 de 2022.

Ni ha sido fácil ni tampoco es perfecta, pero todos podemos convenir que su fórmula ha sido exitosa. Bueno, todos no. Ya no genera los consensos de antes. Ni la respetan los propios Estados que la conforman. La ola de desencanto que sacude media Europa ha vuelto a colocar en las poltronas de algunos países miembros a gerifaltes de extrema derecha que medran alimentando excluyentes y casposos sentimientos de patriotismo.

Es una impostura, lo sabemos, un trampantojo que encandila a mucho incauto y que en realidad camufla otras oscuras intenciones, pero que tiene además un efecto destructivo en experimentos exitosos de cooperación supranacional como es la UE.

Si ya no teníamos suficiente con las malas babas de Polonia y Hungría, que quieren seguir en el club sin respetar sus normas ni exigencias, ahora se les suma un peso pesado, Italia. Ojalá la UE logre sobrevivirles. Y que no logren un efecto contagio. Por el bien de Europa y de los europeos.