Ni la una ni la otra
'Una batalla tras otra' y 'Una casa llena de dinamita' triunfan pero suenan a lo ya visto
A falta de que lleguen a las plataformas y a las salas (las pocas que quedan) algunos estrenos de esos planificados para competir por los ... grandes premios de la industria del cine, las quinielas al otro lado del Atlántico siguen colocando bien las últimas películas de los directores Paul Thomas Anderson y Kathryn Bigelow: 'Una batalla tras otra', y 'Una casa llena de dinamita', respectivamente.
Estamos hablando de dos santones de Hollywood. El primero, para algunos uno de los mejores cineastas de los últimos veinte años, y para otros ella, además de quebrar techos de cristal, tiene la cada vez menos frecuente habilidad de combinar el aprecio de la crítica con el favor del gran público. Si Paul Thomas Anderson viene su película o su labor de dirección premiados con el Oscar, sería su debut en esos menesteres, mientras que ella ya sabe lo que es salir bajo palio de ese escenario.
Admito que me incluye en el reducido club de los que han salido de ver ambas películas con sensación de esperar muchísimo más y encontrar bastante menos. Con pasajes en los que sí me sentía atrapado por la historia y la forma de plasmarla, pero también con otros en los que era fácil desconectar, mayormente por la sensación de que eso ya lo había visto y casi con la misma puesta en escena. Fueron, por tanto, dos ejercicios de eso que se conoce como 'déjà vu', pero admitiendo que se trata de un planteamiento muy, pero que muy subjetivo.
En cuanto a 'Una batalla tras otra', y siendo devoto como soy de casi todo lo que ha filmado Paul Thomas Anderson, aquí hay secuencias enteras que recuerdan a Stanley Kubrick. Y no está mal inspirarse en los genios pero en los realizadores a los que se les atribuye un plus de originalidad, esas referencias a terceros chirrían, sobre todo si se acumulan en casi tres horas de metraje, como es el caso. Se agradece el tono con que se cuenta tanta truculencia y violencia, porque nunca se ve uno obligado a apartar la mirada, como también se agradece plantear una distopía que igual no lo es tanto teniendo en cuenta las noticias que llegan de Estados Unidos.
Respecto a 'Una casa llena de dinamita', también se agradece la historia pero el planteamiento de ver lo mismo desde varias ópticas empieza a estar trillado, con el añadido de que algunos toques sentimentales, además de previsibles, sobran. El drama lo pone el riesgo nuclear y si la jefa de turno tiene un hijo que le regaló una figurita de un dinosaurio es algo impropio de una directora tan contundente como Bigelow.
Conclusión: ¡más estrenos, por favor!
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