Libertad
Lo no se tiene se desea y que lo que se tiene durante mucho tiempo pierde valor
Dicen que lo no se tiene se desea y que lo que se tiene durante mucho tiempo pierde valor. Algo de eso creo que puede ... pasar con las democracias. Ahora que unos celebran cincuenta años de libertad cuando en realidad hubo que esperar un tiempo desde la muerte del dictador para que España fuese realmente libre, se revisa la Transición y los fastos incluyen el celebrado ayer por la Familia Real (con la excepción del emérito, al que hoy sí se espera en un encuentro con mesa y mantel que es una pena que nadie objetivo nos lo pueda contar por aquello de los cotilleos, en especial tras las poco afortunadas memorias de Juan Carlos I).
En su discurso, Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados, introdujo una reflexión sobre la necesidad de poner en valor lo que supuso cerrar una etapa dictatorial y abrir una de libertades. No es la primera vez que Armengol nos regala discursos llenos de contenido: el que dio al tomar posesión del cargo en el hemiciclo es absolutamente recomendable.
Y comparto con ella, como con otros intervinientes en el acto de este viernes, que hace falta una labor pedagógica. No solo para las nuevas generaciones, sino para esos que, siendo jóvenes en aquellos años, se permiten hoy el lujo de afirmar que antes había más libertad. Que lo diga un excantante metido a opinador de todo y que disfruta de esa libertad para proclamar contra los avances de la ciencia y apuntalar teorías que no se sostienen a poco que haya masa gris en la caja craneal es algo que clama al cielo, pero esas son las ventajas de vivir en libertad. Las de ahora, y no lo que él dice que hubo antes.
Como tampoco entiendo que este mismo viernes, en esta España del siglo XXI, se pueda afirmar desde la atalaya institucional que esta o aquella resolución judicial -me da igual a favor o en contra de quien sean- desmantelan la dictadura que sufrimos. Porque si fuera así, no habría juez, ni fiscal ni agente policial que estuviera controlando la labor del poder ejecutivo. En las dictaduras es al revés: el que tiene el mango de la sartén lamina a jueces y demás encargados de controlar los desmanes si les ocurre poner la lupa sobre el gobernante o su entorno.
El sistema democrático actual española es perfeccionable. Como todo en la vida. Y conviene actualizarlo. Por eso mismo no hay que tener miedo a una revisión constitucional, incluso a una a fondo. Empezando por la primacía de los varones en la sucesión al trono, que ya va siendo hora poner ese reloj en el huso del siglo XXI.
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