Tribuna libre

Felicidades, africanos y africanas

24/05/2020

Este lunes se cumplen 57 años exactos del nacimiento del antecedente de nuestra actual Unión Africana, la Organización para la Unidad Africana (OUA).

Es un hito histórico que se ha convertido en la efeméride que estamos celebrando durante toda esta jornada: el Día de África. Treinta años antes de la fundación de la Unión Europea tal y como la conocemos hoy en día, los africanos ya habían intentado varias veces unirse, dato que debería hacer reflexionar a quienes opinan que el continente africano llega con retraso a la Historia.

El panafricanismo tiñó las luchas anticoloniales y las resistencias que llevaron a la independencia de los países africanos, que se escalonaron desde 1958 hasta 1975, hace apenas 45 años. El combate contra el apartheid, que sobrevivió en Sudáfrica hasta 1992, también fue panafricano, como muchas de las causas justas que se lucharon contra la opresión y la desgracia en un continente que no está desvalido, ni es pasivo, ni espera salvadores extranjeros.

Hubo otras predecesoras a la Unión Africana, como la Unión de Estados Africanos (1958) propugnada por el ghanés Kwame Nkrumah, primer presidente de un Estado independiente en el continente africano y referente del panafricanismo. O la Comunidad Económica Africana fundada en 1991, similar a la Comunidad Económica Europea que se creó a resultas del Tratado de Roma (1957). Se dieron también intentos de estructuras regionales que pretendías amalgamar de nuevo lo que el colono dividió con fronteras impuestas que separaban a pueblos afines y condenaban a la cohabitación a pueblos antagonistas.

Es el momento de recordar que las fronteras africanas no se definieron localmente, sino que nacieron de una división que se trazó con escuadra y cartabón, como a veces nos explican los historiadores, en la Conferencia de Berlín (1884-1885). En esa ocasión, las potencias coloniales se repartieron tranquilamente un continente que ya había sufrido la trata, sin africanos presentes y como si la voluntad de los pueblos africanos, su dignidad y su historia carecieran de valor. La diáspora, esos africanos que se desplazaron dentro del propio continente o salieron de él para estudiar o huir de la persecución política, están en la base de muchos de los movimientos de liberación que acabaron con el yugo colonial y que también se gestaron en Lisboa, París o Londres.

Me gustaría hacer un inciso aquí para subrayar que no hablamos de hechos históricos que nos resultan ajenos ni que se disocian de nuestro propio devenir. España estuvo en la Conferencia de Berlín como potencia en declive y participó en el reparto de África no consentido por los propios africanos. Nuestros jóvenes deben ser conscientes de que también colonizamos un continente en el que se habla castellano porque estuvimos presentes en él. La historia de una Guinea Ecuatorial que se independizó de nosotros en 1968 y nuestros vínculos con el Sáhara occidental, con Tánger, con el protectorado de Marruecos deberían valorarse en los programas de estudio en los que se describe tan minuciosamente nuestra relación con Latinoamérica y se olvida que tenemos un pasado, un presente y un futuro con África.

La Unión Africana actual surgió de la Declaración de Sirte, en 1999, bajo el auspicio de Muamar el Gadafi. Hoy su sede se sitúa en la capital etíope, Adís Abeba, en un imponente edificio obsequio del gobierno chino. Es una estructura con luces y sombras, como la propia Unión Europea, que como la Unión Europea se funda en ideales como la solidaridad y que se enfrenta a sus propios dilemas, como la falta de financiación propia.

Es el día para valorar la encarnizada batalla de los africanos y las africanas por la autodeterminación, la importancia del panafricanismo, la fuerza de la diáspora y el delicado entramado de relaciones en las que se inserta un continente formado por países muy jóvenes, demasiado maltratados por la Historia y con un potencial increíble que ahora se está probando en la resiliencia con la que se enfrentan a la pandemia que todos sufrimos.

Precisamente en este momento, en que el futuro parece incierto y la solidaridad entre los pueblos se pone a prueba, me parece especialmente oportuno virar los ojos hacia nuestros vecinos y nuestras vecinas del continente africano.

Vivieron las crisis económicas y los recortes, las devaluaciones, las privatizaciones y el desmantelamiento de sus jóvenes Estados antes que nosotros. También se acostumbraron a descansar en redes de solidaridad, a convivir con epidemias y desastres y salir fortalecidos de las pruebas, a inventar formas de estar en el mundo y superar las adversidades. A pesar de caer muchas veces al suelo, no casa con los africanos el derrotismo ni la resignación. Se rebelan siempre ante nuestras miradas de piedad o nuestros discursos moralizadores, ante el estereotipo constante de los medios de comunicación. Nos imponen su lucidez optimista.

Por todos estos motivos y corriendo los tiempos que corren, considero necesario aprender de ellos, conocerlos mejor y tejer un futuro con ellos de la mano, juntos, en términos de igualdad y como compañeros de viaje.

En el Día de África, desde la institución que dirijo, hemos diseñado un completo programa de actividades denominado #ÁfricaVive, que incluye arte, música, gastronomía, literatura y cine. Arrancó ya la semana pasada, con un taller que nos informó y formó para lograr africanizar la gran enciclopedia global de nuestros tiempos: Wikipedia. Proseguirá su curso en junio, con cuentacuentos, conferencias y talleres.

Al observar la imagen de este programa que circula por las redes, definida por colores vibrantes y hecha con mucho amor y alegría, espero que sientan el orgullo y la positividad que me transmiten a pesar de los pesares. Cuando el mundo vocifera, se amarga y entristece, actividades como estas tienen la vocación de servir de bálsamo paliativo, de abrirnos al otro, de combatir el miedo y el odio, de crear comunidad, de iluminarnos la existencia.

Espero que quieran acompañarnos en este día tan especial, en el que deseo felicitar a todos nuestros amigos y amigas del continente africano, estrecharles calurosa y virtualmente la mano y soñar con ellos que el futuro solo puede ser mejor. Feliz Día de África y felicidades a españoles en general y canarios en particular por estar y ser en su vecindario.