Editorial

Falta sensibilidad en la inmigración

15/10/2018

No se merecía el Nobel José Saramago que el acto en recuerdo de la concesión del citado galardón literario se viese empañado por el desencuentro entre el Gobierno central y el Ejecutivo canario. Como tampoco se merecía Canarias en general que el presidente Pedro Sánchez no encontrase ni quince minutos para abordar con Fernando Clavijo el repunte en la llegada de pateras y cómo atender a los inmigrantes, en especial a los menores de edad no acompañados.

Esta semana desde las filas socialistas se ha insistido en la tesis de que no estamos ante una «crisis migratoria». Se fundamenta ese discurso en la comparación con el llamado verano de los cayucos de 2006, cuando las costas canarias recibían a diario la llegada de centenares de inmigrantes, en su mayoría subsaharianos que se habían hecho a la mar desde Mauritania. Por supuesto que las cifras son ahora significativamente menores, pero eso no es óbice para que el problema cualitativo sea el mismo: la dificultad de los territorios insulares para hacer frente a la repentina aparición de personas que precisan techo, comida, y atención médica, y que están sujetas a unos procedimientos administrativos y judiciales que precisamente por la dimensión insular también se ralentizan.

«Hay que añadir un factor que no es secundario: las carencias en seguridad en el Archipiélago»

A esto hay que añadir un factor que no es precisamente secundario: las carencias en materia de seguridad. Ya no es un secreto que el sistema de vigilancia por radar tiene un agujero importante en Lanzarote, una grieta que aprovechan tanto las mafias de la inmigración como las del narcotráfico. Por si fuera poco, la Guardia Civil se ve desbordada, tanto por escasez de agentes como de medios, en especial para la vigilancia en el mar.

Todo eso merecía al menos un encuentro entre Pedro Sánchez y Fernando Clavijo. Y si el primero no podía, pues al menos una visita a Lanzarote de los ministros de Interior o Defensa, que tienen competencias directas para resolver el problema.

No se puede pedir más a las administraciones canarias. Ni a Cruz Roja, personal sanitario, Guardia Civil, Policía Nacional y cuerpos de seguridad locales y autonómico, como también hay que reconocer la entrega de las organizaciones no gubernamentales. De quien sí esperamos mayor sensibilidad y, en consecuencia, mayor implicación es del Ejecutivo central.

Un Gobierno que parecía tan preocupado por los detalles y que fue noticia en el comienzo de su mandato precisamente por los gestos en materia de inmigración no puede ahora comportarse mirando para otro lado. Porque Canarias no se lo merece y porque quienes se juegan la vida subiendo a las pateras tienen, por muy irregulares que sean, derecho a encontrar al llegar la misma disposición que mostró el Ejecutivo cuando abrió el puerto de Valencia al Aquarius en junio. Ni puede haber territorios de primera y de segunda, ni inmigrantes con más derechos que otros.