Estanflación

Ya en 2018 los innumerables indicios de desaceleración económica resultaban evidentes, por mucho que ahora intenten vendernos la moto de que es algo que acaba de aparecer

Luis Nanton Díaz
LUIS NANTON DÍAZ

La crisis económica que a todas luces estamos sufriendo estaba larvada desde la década anterior, por mucho que los grandes medios, siempre bien motivados a golpe de subvención, intenten disimularlo con Putin o el cambio climático. Ya en 2018 los innumerables indicios de desaceleración económica resultaban evidentes, por mucho que ahora intenten vendernos la moto de que es algo que acaba de aparecer, algo fortuito, que nada tiene que ver con la ausencia de cordura de unos gobiernos totalitarios obsesionados con su agenda 2030.

Pese a que en EE UU ya habían adoptado, desde hace meses, medidas similares, en la zona euro la autoridad monetaria responde con dureza ante el empeoramiento de la inflación, que supera más de cuatro veces su objetivo. Los tipos de interés se sitúan ya en el 1,25% tras dos incrementos consecutivos. El consejo de gobierno del BCE, con sede en Frankfort, actúa tarde, pero con aparente energía subiendo los tipos de interés en 75 puntos básicos, en el mayor encarecimiento del precio del dinero de su historia. Dinero que llevan años imprimiendo a espuertas, sin medida ni límite.

Con la crisis sanitaria y sus proyecciones totalitarias el problema se aplazó, pero continuaba incrementándose, con el efecto multiplicador del desastre generado por esta clase política. Si ya le daban a la 'maquinita del dinero' con unas políticas monetarias de ciencia - ficción, con la dictadura sanitaria que implantaron, regaron de dinero inexistente, carente de respaldo económico. El BCE sí ha causado este caos por imprimir billetes de la nada y tener los tipos durante 12 años entre el 1% y el 0%, todo ello ha generado endeudamiento, inflación y consecuentemente contracción económica, es decir, estanflación. Es una pauta que se repite cíclicamente, pero los multiplicadores van aumentando exponencialmente. Todo este galimatías de cifras aburre, pero se traduce en el alza de precios cuando vamos al mercado, en aumentos muy importantes de nuestra hipoteca y que ya se hace insufrible cargar combustible. A nivel empresarial me ahorro comentarios.

El precio de los suministros energéticos a finales del 2021 ya estaba disparado y nuestro gobierno continuaba prometiéndonos que pagaríamos lo mismo que el año anterior, que no nos preocupáramos, mientras recaudaba cifras nunca vistas con los impuestos derivados de esos mismos suministros. Pese a todo lo que está ocurriendo, seguimos sin valorar la independencia energética de una nación. Se sospecha, además, que no será la última, puesto que el organismo monetario pretende bajar la inflación en el 2% a medio plazo.

Al parecer, la finalidad de esas medidas es luchar contra la inflación desbocada. El problema es que, en ocasiones anteriores, siempre que se han utilizado este tipo de «soluciones», la economía ha entrado en recesión. Esta regla se cumple siempre. Personalmente en el día a día, no observo grandes diferencias entre recesión y estanflación, sobre todo porque uno termina angustiado por la presión que soportamos en todos los frentes, pese a que nos quieran anestesiados. Apuntan a que el BCE no causará una recesión por subir tipos, dado que la contracción económica es por laInflación desbocada y la deuda descomunal. Intentan agobiarnos limitando los consumos, que ya están mermados porque no podemos pagarlos, o por si nos quitamos la corbata, el principal problema está en gobiernos como el español, con una deuda externa desbocada y una política de gasto público de verdaderos psicópatas. Estoy convencido de que su Sanchidad se siente seguro, porque finalmente el BCE no va a continuar con sus incrementos de tipos y volverá a inyectar dinero gratis e inexistente, para que podamos seguir hundiendo la economía, mientras pintamos semáforos inclusivos.

Este pasado mes de agosto ha registrado un IPC récord en el 9,1%, por lo que no se puede hablar de que las medidas aplicadas hasta la fecha por el equipo de Lagarde hayan obtenido resultados . Por eso, intentan desviar tanto la atención hacia los orígenes del problema. Nos abruman con la crisis climática y el conflicto ucraniano, para que pensemos que esta situación se ha generado este 2022, que es algo nuevo y que ellos no tienen ninguna responsabilidad.

La guerra en Ucrania se vio favorecida por la trampa auspiciada por EE UU desde 2005-2014 de radicalizar a Rusia con el paño rojo de la OTAN, empujándola a cometer lo irreparable en Ucrania para aislarla definitivamente de Europa y reforzar la dominación estadounidense del continente. Resulta incomprensible que la obsesión del equipo demócrata de USA por contener la estabilización de Rusia ha hecho que el Sr. Biden desprecie la amenaza de China, la nación de mayor potencial del planeta desde hace años. Es jocoso, que los medios nos vendan a una rusia desgastada y aislada, mientras son muchísimos más los países que apoyan el entorno BRICS , siendo la ciudadanía europea la que se está pauperizando de forma alarmante y creciente.

Ninguna simpatía por el teatral presidente Zelensky, pero tengo mucha empatía y afinidad con y por los ucranianos, que están sufriendo esta terrible situación por las calamitosas orientaciones de su gobierno. Este conflicto es una guerra de Estados Unidos contra Rusia. Por tanto, la cuestión es intentar dilucidar los orígenes, la guerra civil que asolaba el Donbass y sobre todo a quién beneficia este caos.

Pero a lo que ahora nos ocupa, posiblemente el BCE recortará el crecimiento de la economía para este año por debajo del 3% y de un 2% como tope para el año próximo. Tener en cuenta que el cuadro macro de la inflación de este ejercicio superará el 7%. La autoridad monetaria va a utilizar la liquidez que «imprime» para seguir comprando deuda de los Estados miembros. De aquí a que finalice el año, los analistas consideran que un 30% de los fondos disponibles irán a parar a Italia, el 15% a España y otro 10% a partes iguales entre Grecia y nuestros vecinos portugueses.

El empobrecimiento de las clases medias es un hecho evidente, progresivo y constante. Según un informe de la OCDE: «la clase media española pierde peso y cae a niveles de los años noventa». Atendiendo a los datos de renta neta media anual en España se considera clase media a aquellas personas que obtienen entre 9.201 (75% de la renta media) y 24.538 (200% de la renta media) euros netos anuales. En definitiva, todo esto aumenta la pérdida de poder de ciudadanos y naciones en favor de las corporaciones globales. Son los mercados los que tienen sentido de Estado, como constantemente nos recuerda el globalista George Soros. Tal pérdida de independencia gubernamental promueve un debilitamiento de la soberanía popular y de la democracia respecto de los tres poderes: ejecutivo, legislativo e incluso judicial. Dia a día lo estamos sufriendo. Por eso hay que pensar en el mañana..