Por si le interesa

Esas otras heroínas de África

12/02/2020

Gaumet Florido

No resulta fácil mirar a África con ojos limpios de estereotipos, ni libres de los filtros habituales que sin quererlo te imponen la perspectiva occidental y eurocentrista, tan proclive a sentirse legitimada para dar lecciones de todo sin que nadie se las pida. Más difícil es aún cuando uno no tiene más oportunidad de conocer lo que pasa en el continente vecino sino a través de imputs informativos aislados que solo te trasladan una realidad tan sesgada como negativa, últimamente además, a golpe de pateras. Nos limitamos a menudo a contar cuántos vienen y su estado de salud, pero pocas veces profundizamos lo suficiente en lo que esconde un fenómeno tan dramático como inherente a la historia del ser humano, salpicada de migraciones.

Aunque alejadas de los flashes, en África hay también muchas mujeres con años de batalla por la defensa de sus derechos

Quizás por eso uno no puede evitar sorprenderse cuanto descubre realidades que demuestran que África es bastante más compleja y diversa. Por ejemplo, en el terreno de la lucha por los derechos de la mujer, de la que aquí nos enteramos de forma ocasional cuando los medios ponen el foco en la batalla contra la mutilación genital femenina o ablación, por citar algunos de los temas más recurrentes, y lacerantes.

Ahora que parece que, por fin, hay una corriente mundial dispuesta a avanzar más que nunca en la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres, con movimientos de indudable trascendencia internacional como el Me Too, o las masivas manifestaciones feministas, es bueno saber que, aunque alejadas de los flashes y a menudo sin focos mediáticos, en África hay también muchas mujeres, verdaderas heroínas, que con casi todo en contra, desde la legislación de sus respectivos países a las tradiciones de sociedades fuertemente patriarcales, llevan años de batalla por la defensa de sus derechos.

La de jefas supremas de pueblos de Malawi que se han empeñado, contra viento y marea, en impedir que miles de niñas pierdan su derecho a la infancia y a la formación por culpa de los matrimonios infantiles. O que han roto, no sin poner en riesgo sus propias vidas, con ritos de tribus que desvirgaban a sus niñas por desconocidos. Tampoco es vox populi, por ejemplo, que un país como Ruanda que en el resto del mundo solo asociamos a un brutal genocidio es el que a día de hoy cuenta con la mayor proporción parlamentaria femenina del mundo. O que dos naciones subsaharianas, esta de Ruanda (en el sexto lugar) y Namibia (en el 10º) estén por delante de Canadá (16), EE UU (51) o España (29) en el Índice Global de Brecha de Género que publica el Foro Económico Mundial.

Son igualmente hitos, aunque menos conocidos, de una lucha que no tiene color ni lengua ni nacionalidad y a la que aún le queda mucho recorrido, pero sobre los que también deberíamos poner el foco.