Del director

Esa vigilia que sabe a Gloria

10/09/2019

Si el replicante Roy Batty siguiera vivo y hubiese hecho vigilia para contemplar la final del Abierto de Tenis de Estados Unidos, habría dicho aquello de que había visto cosas que el resto no creería. La suerte es que uno también lo pudo ver. Y en esto sucede como lo que cuentan del torero Luis Miguel Dominguín y su tórrido encuentro con Ava Gardner, de manera que lo importante es contarlo.

«Nadal y Medvedev regalaron al mundo uno de esos partidos que entran en la historia»

Rafael Nadal y Daniil Medvedev regalaron al mundo uno de esos partidos que entran en la historia. Las comparaciones son odiosas pero es inevitable preguntarse si estamos ante un encuentro al nivel de aquella final de Wimbledon de 2008 en la que el manacorí superó a Roger Federer. Entonces, como esta vez en Nueva York, se enfrentaban una leyenda (el suizo) contra un ciclón (el español) y la victoria cayó del lado de Nadal. Lo increíble es que, once años después de aquel épico encuentro, Nadal tenga la capacidad física y mental para sobreponerse ante un Medvedev que está llamado también a ser uno de los grandes. Porque a su destreza con la raqueta une algo que lo asemeja al propio Nadal: fortaleza psicológica para verse perdiendo por dos sets a cero y mantenerse en pie sabedor de sus posibilidades. Todo ello con una frialdad y elasticidad que recuerdan lo mejor de Federer y Djokovic.

Como en EE UU todo es espectáculo, la retransmisión televisiva no tenía bastante con lo que sucedía en la pista y fue generosa a la hora de ofrecernos imágenes de cómo vivían el encuentro los equipos y familiares de ambos tenistas. Como dijo Nadal en su discurso tras recibir la copa de campeón, ellos son clave para su éxito: por estar ahí en los buenos y los malos momentos, especialmente en estos últimos. Ahora que el deporte ha llorado la pérdida de Blanca Fernández Ochoa, esa reflexión de Nadal es más oportuna que nunca. Porque los triunfadores en el deporte son seres de carne y hueso y el ser humano está diseñado para vivir en comunidad. Cuando esto último falla, lo de menos son los títulos o las medallas conseguidas.

Con todo eso, las horas robadas al sueño supieron a gloria. Esa en la que habita Nadal desde hace años. Es más, seguro que a muchos nos costó conciliar el sueño porque la emoción del encuentro era como esas agujetas que sientes tras una dura prueba física, con la diferencia de que fueron Nadal y Medvedev quienes corrieron y sudaron. Benditas agujetas emocionales las nuestras y agradecidos para siempre con las que ellos cargaron sobre sus músculos.