Opinión

Entre el amor y el olvido

La presentación de un libro siempre es un motivo de esperanza, una semilla que se siembra en medio de la nada, una manera de entender el mundo. Si hablamos de una novela podemos decir que también es un espejo en el que mirarnos y en el que aprender lo que a veces no somos capaces de vislumbrar, si no median emociones y palabras.

El pasado jueves se presentó la primera novela de Juan Pablo Sánchez Vicedo. Conocí a Juan Pablo cuando acudió a uno de los talleres de escritura que imparto en la Casa Museo Pérez Galdós. En esos talleres siempre repito que el único camino que conozco para escribir es la lectura, no hay más, no conozco ningún otro. Escribir sin leer es como querer volar sin alas.

Juan Pablo venía leído, era un gran lector de los clásicos en español que hay que leer para luego escribir –Cervantes, Quevedo, Clarín o Benito Pérez Galdós–. Ya venía con buena parte del camino andado y en ese taller quizá se acercó al oficio de escribir y descubrió la reacción de los asistentes cada vez que leía sus trabajos. Siempre les digo a quienes asisten a mi taller que lo que no escriban ellos no lo escribirá absolutamente nadie, ni Paul Auster, ni Muñoz Molina, porque ni el escritor neoyorquino ni el jienense cuentan con las vivencias, las lecturas y las experiencias vitales de ninguno de nosotros. Todo lo demás es oficio, las 10.000 horas de las que hablaba Steve Jobs, lo que luego hace que todo parezca sencillo y que podamos contar lo que no podíamos escribir cuando carecíamos de lecturas, de vivencias y de disciplina.

«En la novela hay un padre ausente, una madre abnegada, un hijo que recrea emociones, un juego de ajedrez que termina siendo una metáfora de la vida...»

Juan Pablo Sánchez Vicedo acaba de publicar Las manos blancas en la editorial Siete Islas. La novela fue presentada brillantemente, con un humor inteligente y unas preguntas enjundiosas y certeras, por Jesús Ibrahim Chamali, en la librería Canaima.

Tuve la suerte de leer esa fascinante novela hace un año. Hay un padre ausente, una madre abnegada, un hijo que recrea emociones, un juego de ajedrez que termina siendo una metáfora de la existencia de quienes transitan por la novela y hay mucha vida, mucha emoción y mucha búsqueda detrás de cada palabra. También aparece el olvido como una derrota ante el destino y el tiempo. No cuento más para que busquen la novela y vivan durante unas horas otras existencias que podrían haber sido las de cualquiera de ustedes. Una novela es siempre un viaje hacia nuestros propios abismos, porque cada uno de nosotros pudo haber sido el otro, el que no tuvo suerte o el que conquistó el mundo. La novela es la vida, y los personajes que ha escrito Juan Pablo Sánchez Vicedo saben que al final son las palabras las únicas que terminan trazando todos los destinos y todos esos inesperados senderos que vamos encontrando entre las vetas ocultas de lo cotidiano.