Ultramar

Enterados, ¿de la caja del agua?

12/01/2019

De cuando en cuando desembarca por estas ínsulas algún enterado, ¿es políticamente correcto decirle de la caja del agua?, y con altanería y displicencia anuncia el futuro que ha decidido debe soportar esta tierra. Y lo hace sin atender al sinfín de singularidades y especificidades de esta comunidad, desconociéndolas casi todas; y, además, no solo sin escuchar a los lugareños, que reconozco que ya sería demasiada pretensión, sino, sin tan siquiera, consultar a sus secuaces que habitan estos peñascos sobre cuáles son las apetencias y sentires de la gente de por aquí.

«¿Acaso creen que los territorios de ultramar se pueden despachar con un mohín y adiós muy buenas?»

Sabedor de lo que nos conviene, viene y se va con el magisterio que supone que ha impartido al escuchar las salvas de aplausos y los asentimientos que sus ocurrencias reciben de los suyos, que obedientes, porque en ellos les va seguir jugando en su equipo, no se atreven a corregir al querido y preparado líder.

Pues bien, en estas señaladas fechas navideñas tuvimos por aquí a dos ilustres próceres de esas mañas señaladas. Uno, Pablo Casado, responsable del todavía primer partido de la oposición, no tuvo empacho en anunciar que ya había traslado la petición para que se instale aquí el Africom, el Mando Combatiente Unificado del Departamento de Defensa de EE UU para África, porque su partido tiene «agenda geoestratégica» para las islas, dijo, a la que les reserva, también, la condición de centro financiero de baja fiscalidad para después del brexit. Y marchose ignorando la sempiterna vocación de plataforma de paz de estas islas, recogida, incluso, en su Estatuto de Autonomía, con el contundente no a la OTAN de los canarios en el referéndum que decidió la entrada de España y que promovió el PSOE que, ahora, por cierto, recuerda aquel rechazo; y no dándose por enterado de la existencia de una Zona Especial Canaria (ZEC) que, de facto, viene a ser un cuasi paraíso fiscal.

Otro, llamado Pedro Sánchez, el presidente de España con menos apoyos populares de la democracia, tuvo a bien usar nuestro suelo como destino vacacional a modo y manera de turista con todo incluido, que no precisa abandonar el hospedaje y rehuye cualquier encuentro con los indígenas, aun así uno de ellos fuese el propio presidente del Gobierno de esta comunidad autónoma, que anda clamando por las partidas presupuestarias pendientes. Un viaje privado no exime la cortesía para con los que le brindan hospitalidad. Por cierto, bien que anduvo raudo para encontrarse con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, cuando estuvo recientemente por Barcelona a cuenta del Consejo de Ministros que allí montó.

¿O creen, tanto monta, monta tanto, los enterados, ¿de la caja del agua?, que los territorios de ultramar se pueden despachar con un mohín y adiós muy buenas?