Ultramar

En el nombre del padre

16/12/2017

Soñar siempre. Y eso que no hay sueño que no sea caprichoso. Una veces plácidos, otras alterados. Nos llevan de la sonrisa a la angustia sin transición. Son una sucesión de imágenes, de cambios de ritmos, sean agradables o no, que cautivan con una luz que una veces nos inunda de calidez y otras nos sobrecoge. Nos reencuentran con nosotros y con los nuestros, con los que están y los que no. Un derroche de sentimientos sobre los que planean nosotros mismos y las figuras decisivas de nuestras vidas, como ese padre cómplice, que estuvo, que serena, aconseja, se compromete, guía, inolvidable.

«Para el buen hacer no hay fronteras. ‘Tal vez soñar’, un paseo lleno de emociones, es un ejemplo»

Todo eso y más es Tal vez soñar, esa obra de teatro que es mágica y es real. Como los sueños. Porque soñamos siempre. Dormidos, despiertos. Lo hacemos porque vivimos. Y también es un sueño lo que hay después. El tal vez es permanente.

Y ahora plantéese uno llevar todo eso a un escenario. Mario Vega, el director teatral canario con más proyección en este momento, tiene ese don. Transforma la letra impresa, el sentimiento escrito en vida que transita, se mueve, habla, ríe, llora, se enfada. Un alarde escenográfico soportado sobre un texto, con profunda carga emocional, hecho con complicidad expresamente para la obra por el dramaturgo palmero Antonio Tabares y al que dan vida los actores Marta Viera, Ángel Maciel y Quique Fernández, pero también la animación de Juan Carlos Cruz, la iluminación de Ibán Negrín, el vestuario de Nauzet Afonso y los arreglos musicales de José Brito con la Orquesta Sinfónica Maestro Valle de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, sin olvidar a los muchos que participaron en los ensayos comentados y que ayudaron a enriquecer este trabajo de deliciosa orfebrería que pule Mario Vega, abierto a todos los sentires.

Ayer se representó en el teatro Cuyás y hoy vuelve a hacerlo en el mismo escenario. Su estreno fue hace apenas un mes y en su corto recorrido ya ha deambulado por coliseos nacionales y prepara su salto a Latinoamérica y a las demás islas. De la misma manera que desde el primer minuto capta la atención de los espectadores lo ha hecho también con programadores de Europa y América que ya contemplan el trabajo teatral que se hace en este Archipiélago como objeto de interés. Y gran parte de esa culpa la tiene el talento, atrevimiento, coraje y capacidad creativa de Mario Vega, que ha logrado, al frente de la productora Factoría Una Hora Menos, que este arte colectivo hecho aquí trascienda más allá de nuestra orillas. Sus éxitos anteriores le avalan: Longina, inmigrante en La Habana, Boing boing, El crimen de la perra Chona, Me llamo Suleimán, Aladino, Los malditos; sin embargo, cada nueva propuesta es un paso más de crecimiento en ese complejo y difícil mundo del teatro, más aún si se hace desde estas tierras de ultramar. Pero para el buen hacer no hay fronteras. Y Tal vez soñar es un ejemplo. Un paseo cargado de emociones, ternura, en el que se acaricia el corazón y que logra la comunión con cuantos se acercan a su contemplación. Es la vida, es puro teatro.