El verano de nuestras vidas

Alberto Artiles Castellano
ALBERTO ARTILES CASTELLANO

Ahora que el calendario languidece parsimoniosamente, recuerdo aquellos veranos. La ensoñación es síntoma inequívoco de la llegada al ecuador, cuando comienza a nevar en tu cabeza en cualquier estación del año y la nostalgia... La nostalgia entra en casa sin necesidad de abrirle la puerta. Sin avisar, como esa visita inoportuna de la tía que vive lejos y hace años con la que no hablas. Se cuela por cualquier ranura, como las hormigas cuando encuentran comida o huelen (?) a cadáver. Veranos. Como si este tan raro que se aproxima o algunos atrás hubiesen dejado de serlo.

Veranos de sol, pero también de luna. De risas y riñas en la calle, polvorientas tardes de balón y trapicheos. Veranos de arena. Veranos de calamares, los de los pies. Veranos de olor a sal e inocencia. También de fuego entre las piernas. Veranos en las calles hasta la una, las dos y las tres. O en casa de los vecinos. De Eloína, Isidro y Alexis. De hablar por hablar. Veranos de abuelos. Juan, Rosario, Blasina y Juan. De peleas de hermanos. Veranos de escondite y helados. Veranos sin prisas. Veranos de tres meses.

El zumbido del ventilador, la banda sonora de aquellos veranos. De siestas de tres horas. Veranos de melón, sandía y papaya. Veranos con Rayco y Minerva en El Burrero. Veranos de . Muchos veranos de Verano Azul. Veranos de bicicleta, estampas de Prosinecki o Abadía.

Veranos de excursiones al pueblo vecino y en pandilla. De labios rotos, cejas deshilachadas y rodillas en carne viva. Veranos de viajes transoceánicos al sur pegado a los sillones de polipiel de aquel Charade blanco. De madrugones a la playa a las 7.00 de la mañana para colocar la sombrilla en el mejor sitio. Veranos de hogueras y petardos. Veranos ochenteros. De toalla, flotador y nevera. De tortilla de arena y salitre. Veranos embadurnados de bronceador y rozaduras del bañador. Veranos de turistas de calcetines blancos, tostados color cangrejo y borrachera mañanera.

Veranos en los que jugábamos a ser mayores. Soñábamos con tener 18 años o más. Veranos de inconsciencia. Solo es nostalgia tras recorrer un camino, el balance antes de iniciar otro que queda por recorrer. Hay quien ansía una vuelta a la niñez, a ese momento en el que somos felices sin cortapisas, en el que las preocupaciones de adultos no existen, donde solo tienes un objetivo en la vida: jugar y pasarlo bien. Que vuelva a amanecer.

La pregunta es si volveremos a tener veranos como aquellos. De estar en la calle 23 de las 24 horas. El verano es para besar, y para olvidar. El verano es para equivocarse. El verano también es septiembre. En Canarias es verano desde marzo. Verano casi todo el año. El verano es el mejor antídoto al invierno, que siempre vuelve. El verano es la mejor vacuna a la oscuridad. Y este, el próximo, será más verano que nunca. No sé si será como otros, probablemente no.

Todos seremos diferentes, posiblemente mejores tras lo sufrido y aprendido. Pero será verano, y volverá a salir el sol. Ya se anuncia a través de las ventanas y balcones. No olvides nunca los veranos. Este será el mejor de nuestras vidas. Agárralo fuerte. Que no vuelve.