Del director

El tiro en el pie del espectro conservador

25/02/2020

La capacidad de algunas formaciones políticas para pegarse un tiro en el pie es realmente admirable. En el espectro conservador, incluso en el centrista y liberal, llega a resultar hasta sorprendente. Con el consiguiente aplauso, por supuesto, del bando contrario, que se frota las manos ante los errores ajenos.

En los últimos días, el Partido Popular y Ciudadanos parecen embarcados en una competición para ver quién lo hace peor. Y conviene dejar constancia de cuánto se esfuerzan uno y otro por superar al de al lado. Más meritorio resulta si tenemos en cuenta que teóricamente están embarcados en una operación de alianza o fusión de cara, a corto plazo, a las elecciones vascas, gallegas y catalanas y, a medio y largo plazo, a las generales.

Teniendo en cuenta que el Gobierno de coalición formado por el Partido Socialista y Unidas Podemos, con el nacionalismo catalán como apoyo clave, está empezando a mostrar sus primeras diferencias internas, lo que tenían que hacer PP y Cs era simplemente estarse quietos y esperar a que aflorasen esas contradicciones de los gobernantes. En Euskadi el voto conservador no es decisivo; en Galicia se trata de dejar a Núñez Feijóo que juegue su partida -como él se ha encargado de dejar muy clarito a su propio partido- y en Cataluña ya se verá, pues ni siquiera hay fecha para las elecciones. Lo que correspondía, por tanto, era no meter la pata. En lugar de jugar a no equivocarse, PP y Cs compiten por el récord mundial en desaciertos: los populares, desalojando a Alfonso Alonso de la candidatura por las bravas para los comicios vascos, y los naranjas con una discusión en público entre los aspirantes a suceder a Albert Rivera. Por si fuera poco, llega Carlos Iturgaiz y a las primeras de cambio se despacha con unas declaraciones que suponen un abrazo formal a Vox, una posición que a ver cómo encaja con esa supuesta estrategia de la dirección nacional del PP de diferenciarse de los de Abascal.

Y hablando de Alonso e Iturgaiz, lo sucedido con el primero recuerda bastante a lo que pasó con Asier Antona. A saber: tuvo criterio propio y lo pagó caro. Tuvo claro que el partido debía tener una hoja de ruta adaptada a las circunstancias del terreno en que jugaba y no a las de Génova y fue invitado a hacerse a un lado. Antona fue leal a las siglas y aceptó la orden de apartarse; a Alonso lo sacaron del terreno de juego con un codazo en toda regla.

A ver qué dicen los electores vascos y a ver quién da la cara esa noche.