Primera plana

El rumbo de Román Rodríguez

20/02/2020

No hay un debate sobre el nacionalismo canario. Este hace mucho que ya está solventado y en un sentido positivo. El debate, el único debate existente a día de hoy, lo tiene CC y es sobre su situación política extrema en la que tiene que optar por renovarse o morir. Nada más. Es una cuestión que atañe tan solo a CC como organización, que tendrá que resolver por sí misma en la cita congresual de mayo.

Es CC la que le corresponde hacer ejercicios espirituales. Y Nueva Canarias no debe entrar en este revuelo mediático que le interesa a Fernando Clavijo. Román Rodríguez debe hacer, en términos futbolísticos, un cambio de juego; pase largo de balón para cambiar de banda porque persistir en esta polvareda le interesa a Clavijo al tratar torticeramente de equiparar su situación con la de Rodríguez. El líder de Nueva Canarias tiene muchas mejores cartas que Clavijo y, por lo tanto, Nueva Canarias debe pasar olímpicamente de esta treta que, de perdurar en el tiempo, le permite a Clavijo mantener vivas sus expectativas (por mínimas o nulas que sean) de supervivencia política. A Clavijo le interesa, y mucho, que de aquí a mayo se mantenga esta trifulca alimentada en los medios.

A CC se le acaba el tiempo. Por cada día que pase, el reloj de arena se consume; se agota su margen de maniobra. Que CC encare qué futuro desea: si la agonía política de aquí a 2023 o sumarse a un proyecto nacionalista. Pero primero debe ventilar en el ámbito interno las responsabilidades de aquellos que han causado su naufragio político.

Por consiguiente, no existe un debate entre CC y Nueva Canarias (que es ficticio) sino tan solo uno dentro de CC. Y ya está. Lo contrario, es darle alas a Clavijo que encima propicia que salga públicamente Ana Oramas a vetar a Rodríguez. Nueva Canarias tiene que retirarse de este tablero cuanto antes, no es el suyo. Cortar por lo sano. Y que los sectores de CC que están descontentos con Clavijo afronten (si acaso con candidatura incluida, dando la batalla) el congreso de mayo presentando una alternativa. Y luego, si vence ATI, pues podrán marcharse de CC cargados de razones para emprender el auténtico viaje del nacionalismo canario.

Dicho de otra forma, Clavijo está hundiéndose políticamente y, en su desesperación, vía Oramas, trata en las procelosas y gélidas aguas del océano de agarrarse metafóricamente a Rodríguez para hundirse con él. No es el caso. El problema lo tiene Clavijo y, por extensión, CC en cuanto que debe dirimir qué hace con él. Esta película no es la de Nueva Canarias que, por otra parte, claro que tiene la mano tendida a todos aquellos que ambicionen una dimensión política por relanzar.

Es la hora de Asamblea Majorera y de esos otros dirigentes que han asimilado con entereza e inteligencia que CC ya no da más de sí. Y que esta deriva tiene sus propios responsables. Si unos pocos ansían perpetuarse bajo el simulado paraguas de Clavijo, aun hipotecando a CC, que se queden en ese páramo en el que habita la nada. Después de un congreso fallido en mayo, la realidad será siendo igual (o más) inhóspita.

En definitiva, Nueva Canarias debe distanciarse por completo de la problemática de CC que ATI trata de reconducir asimilando a unos y otros amén de la bulla mediática. Insisto, no hay un pretendido debate del nacionalismo canario (ya resuelto) que sirva de subterfugio para que Clavijo serpentee a costa de Rodríguez. Si Asamblea Majorera y los restantes cuadros y militancia, que saben que la situación actual es insostenible, todavía más transcurrido mayo, son superados por ATI, pues tendrán las puertas abiertas en Nueva Canarias. Cuando hay voluntad y buena fe, el rearme ideológico, la cimentación política del proyecto y los demás propósitos, salen solos a son del entusiasmo de una ideología compartida. En el presente, ahora mismo, es CC la que tiene que zanjar qué anhela. Y Nueva Canarias seguir su camino. Que otros no confundan.