OPINIÓN

El PP y la crisis de Gobierno

Si Luis de Guindos se convierte finalmente en vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), obligaría a una remodelación ministerial. Siguiendo los parámetros de Mariano Rajoy debería entonces ceñirse al mínimo indispensable. Es decir, un titular por otro en la cartera de marras. Por mucho, incluso, que el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad sea jugoso para cualquier político. Pero también cabría la posibilidad, mayor si cabe dado cómo está el escenario nacional, que Rajoy aprovechara la ocasión para ejecutar una transformación del Ejecutivo de mayor ambición de cara a un año decisivo que desembocará en la precampaña electoral de los comicios locales y autonómicos. El PP tiene que frenar a toda costa el ascenso que el Centro de Investigaciones Sociológicas augura a Ciudadanos. Y el paso previo al ámbito estatal siempre es lo que sucede en las capitales de provincia y gabinetes regionales donde Albert Rivera intentará hacerse valedor de las mayorías gubernamentales. Y recordemos que su partido se presta tanto a respaldar, de un modo u otro, a la popular Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid como a la socialista Susana Díaz en Andalucía.

Para Rajoy el gran temor no es Pablo Iglesias y un potencial acuerdo de izquierdas entre PSOE y Podemos; tesis que, por cierto, ha desaparecido hace tiempo de la primera línea política fruto de aquellos nervios iniciales en las altas finanzas. Ya hasta el conflicto de Venezuela ha perdido relevancia mediática en cierta medida. En Caracas las cosas están igual o peor, pero aquí se desinflan las expectativas de Podemos. Así que lo suyo sería ahora que TVE, siendo congruente, diera realce en las noticias a los deslices políticos en Francia del presidente Emmanuel Macron. Una comparación forzada que ya quisiera Ciudadanos hacerla del todo realidad. Pero Macron, que laminó en pocos meses el tradicional sistema de partidos en el país vecino, ya está flaqueando en aquellas enormes pretensiones de reforma constitucional y liberalización del mercado. Rivera intentó al comienzo emular a la UCD de Adolfo Suárez, rescato el espíritu de la Constitución de Cádiz y en la actualidad hará lo que se tercie para absorber votantes del PP. El tema catalán le ayuda. Pero la España interior y el conservadurismo natural de millones de pensionistas facilita enfriar tanto ánimo exaltado desde Ciudadanos. Rajoy necesita un plan. Y potenciar su Gobierno será una pieza fundamental. No es solo vender políticamente el ascenso de Guindos al BCE, que también, sino visualizar que en el cuartel general de Génova tienen banquillo y rostros sobrados para seguir siendo la primera fuerza electoral de un país que ha salido de la recesión económica pero aún le falta combatir la desigualdad social y la precariedad que fustiga la poscrisis.