Opinión

13/06/2018

No guardo en la memoria la imagen de Julen Lopetegui defendiendo la elástica de la Unión Deportiva Las Palmas como cancerbero a finales de la década de los años ochenta. Sí en las pegatinas cuando las coleccionábamos tanto en su etapa en el Club Deportivo Logroñés como en el FC Barcelona. O su presencia testimonial como tercer guardameta en el Mundial de Estados Unidos de 1994 junto a Andoni Zubizarreta y Santiago Cañizares en los tiempos del mítico Javier Clemente y su bravura en las ruedas de prensa, ¡qué personaje! Aunque a Lopetegui me lo imagino joven bajo los tres palos al calor de la afición sentada en la gradas Naciente y Curva, haciendo méritos para que lo rescataran pronto desde la península. Llegó por un año cedido al club amarillo y, a decir verdad, su presencia fue discreta en la División de Plata. Si no es por su evolución profesional en ascenso, pocos grancanarios se acordarían de este dato como de otros tantos porteros que pasaron sin pena ni gloria por la entidad.

Lo que me pregunto es hasta qué punto había necesidad de anunciar la contratación de Lopetegui por el Real Madrid sin que empezara el Mundial de Rusia. Es verdad que después de esta cita se antoja tarde para un equipo que debe ir planificando ya la próxima temporada y que no puede estar varias semanas sin decir quién ocupará el banquillo. Pero enseguida se abre la incógnita de quién será el próximo seleccionador nacional.

«Hasta qué punto había necesidad de anunciar la contratación de Lopetegui sin que empezara el Mundial»

Así las cosas, a poco que le vaya mal a la escuadra española se dirá que es fruto de la noticia del fichaje de Lopetegui por el Real Madrid. De la enorme incertidumbre que ha generado. Que, incluso, ahora es perdonada por muchos pero si llega a ser por el FC Barcelona ahora mismo sería escándalo patrio en algunos sectores. A buen seguro, la vara de medir sería muy diferente. Y se tildaría a los barcelonistas de egoísmo y ruptura nacional mezclando el balompié con la política.

Nadie pudo imaginar aquellos años en el Estadio Insular, adormecido por la gris estancia en Segunda División, que aquel portero alcanzaría convertirse primero en seleccionador nacional y después en técnico del Real Madrid. En esta faceta ya ha superado, de largo, su propio periplo como futbolista (en el FC Barcelona no brilló). Tampoco Lopetegui pudo imaginarlo. Pero permite entrever las vueltas que da la vida. Sobre todo, cuando uno se aplica, es profesional y entrega sus mejores esfuerzos. Antes o después, llega el premio. Eso sí, su trayectoria como entrenador se verá marcada por el Mundial de Rusia porque su preparación de la liga será diferente a la del resto de técnicos que sí disponen de más tiempo con sus respectivos equipos. Su aterrizaje en el Santiago Bernabéu será inusual.