Por si le interesa

El perdón que buscaba Obrador

03/04/2019

Gaumet Florido

Está en los manuales más ajados, rancios y atrasados de la política de las bajas pasiones, esa que alimenta por el mundo tanto fantoche populista, de izquierdas y de derechas. En esto, fíjense, también se parecen. No hay nada que pegue más a un pueblo y que, de paso, haga olvidar los verdaderos problemas que atenazan su desarrollo, que alimentar el odio o el resentimiento frente a un enemigo común. Eso es casi tan viejo como el mundo. Y eso, justo eso, fue lo que intentó días atrás el presidente de México, López Obrador, cuando hizo público que había remitido una carta al rey de España para instarle a que pidiera perdón a los mexicanos por las tropelías de los españoles durante la conquista, 500 años después.

Los Torra, Casado, Rufián o Rivera no tienen nada que envidiarle. Se han doctorado en el arte de sacar rédito electoral del enfrentamiento maniqueo entre los pueblos

¿Alguien se cree que a Obrador le importa el perdón de España? ¿A qué viene ahora abrir este frente entre dos pueblos tradicionalmente bien avenidos? Como los malos políticos al uso, sabe que este año se conmemora el aniversario de la llegada de Hernán Cortés a México y busca sacarle tajada partidista. El presidente de México recurre a un recurso fácil para tapar bajo la alfombra del enemigo común sus vergüenzas caseras. Es verdad que en la carta de marras usó argumentos y tonos disfrazados de empatía y buenos propósitos, pero él sabe muy bien que esa carta no llega al común de los mexicanos, ni al de los los españoles. El pueblo se queda con los grandes titulares, con los que él mismo se ha encargado de dar carnaza a la polémica surgida y con los que al final ha destapado el avieso y verdadero efecto de su cartita: inyectar veneno para sembrar la discordia.

¿Pero qué necesidad hay de enfrentar? Que me digan un solo pueblo en este mundo que no tenga un pasado del que no deba enorgullecerse. Perdónenme la caricatura. Puestos a pedir disculpas, puede que los homo sapiens se la debamos a los neandertales. Al fin y al cabo, no está claro qué papel pudo jugar nuestra especie en la extinción de nuestros entonces vecinos. En fin, que me parece un recurso mediocre, una propuesta demagógica e irresponsable que solo acarrea respuestas a su altura, como las posteriores sacudidas de pecho de Pablo Casado, que ahora quiere hacer de Hernán Cortés una especie de santo patrio. O alienta el discurso pretendidamente revolucionario de esa otra España acomplejada de serlo que compra a precio de saldo cualquier crítica a su propio país en la pueblerina idea de que así gana puntos para que les consideren más europeos, como algunos líderes de Podemos.

Obrador fue efectista, porque su ocurrencia fue transoceánica, pero los Torra, Casado, Rufián o Rivera no tienen nada que envidiarle. Se han doctorado en el arte de sacar rédito electoral del enfrentamiento maniqueo entre los pueblos. Ellos ganan, pero perdemos todos.