Un martes cualquiera

El peligro no viene en patera

30/06/2020
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No todo vale. Por mucho que el turismo para Canarias sea tan importante como el oxígeno para vivir, las instituciones no pueden tratar a la gente como si fuera tonta. Y menos si con su manera de edulcorar la realidad potencia algo tan grave como es el racismo. Un problema que tristemente, y aunque muchos no quieran admitirlo (precisamente los que padecen esta milenaria enfermedad), sigue instaurado en nuestra sociedad. Me refiero a lo de vender que nuestros aeropuertos están libres de coronavirus y, al mismo tiempo, exhibir los positivos de los inmigrantes que arriban en patera a nuestras costas. El peligro es ese, dicen, mientras cada vez son más los turistas que llegan por aire con la única vigilancia de un desbordado personal de Sanidad Exterior que, indignados por la falta de recursos materiales y humanos, se tienen que conformar con tomar la temperatura, recoger cuestionarios y llevar a cabo un pírrico control visual que ellos mismos saben que no sirve de nada. Aunque este sinsentido no es solo cosa de nuestro archipiélago. La fotografía nacional desvela un cuerpo olvidado, con menos de 150 sanitarios, al que se le ha encargado la titánica tarea de fiscalizar las fronteras. En Gran Canaria, para ser más exactos, son solo tres médicos y cuatro enfermeros para los dos puertos y el aeropuerto de Gando.

«Mientras que los inmigrantes africanos se someten a férreos controles, los turistas europeos arriban sin control a las islas»

Estas deficientes medidas contrastan grotescamente con el protocolo establecido para recibir a las pateras. Personas (sí, personas) que no vienen a un hotelito del sur con todo incluido, sino en busca de un futuro, para ellos y sus familias, después de haber dedicado todos sus ahorros a costear un viaje infernal hacia nuestras costas. Llegan y son test y una cuarentena de 15 días lo que les espera a estos extranjeros de tercera. Un control totalmente justificado, que no se me malinterprete, pero que debe ser extrapolado a los turistas si no queremos exponernos a perder nuestro privilegiado estatus de islas (casi) libres de virus. Y, de paso, dejar de hacer creer a la población que el riesgo lo traen nuestros hermanos subsaharianos, cuando ellos, a diferencia de ingleses y alemanes, no podrán circular libremente hasta no haber dado negativo en la prueba (si es que alguna vez lo logran). No señores, la amenaza no viene en patera. Llega en primera clase desde Europa.