El peligro de los revisionismos

«No podemos aplicar los códigos de lo que es aceptable y lo que no al universo libre y provocador de la creación artística»

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

Gaumet Florido

Me enseñaron en clase que Lolita, de Vladimir Nabokov, era una obra maestra del siglo XX, un clásico moderno. Y como me pasó con tantas obras, lo memoricé, lo solté, si hubo que soltarlo, en el examen de turno, y lo metí en el saco de eso que llaman cultura general. Hasta ahí. Pero días atrás descubro este libro en una colección de novelas que tenía en casa y me animo a descubrirla. Cuesta porque se hace difícil de leer. No puedo evitar sentir rechazo por el ánimo libidinoso con el que el protagonista, un enfermo, aunque culto Humbert Humbert, mira a una cría de 12 años, una nínfula, como la llama, la Lolita que da título al libro. La historia se me atraganta, pero a la vez me encandila cómo está escrito. El tipo es un genio, un virtuoso del lenguaje. Describe como nadie. Nabokov cuenta una historia que choca de frente con mis valores y con los de la sociedad actual. Habla de un caso de pederastia, pero es ficción, es literatura, y en ese contexto enmarco mi relación con esta obra.

Por eso me cuesta entender que al calor de movimientos tan indiscutiblemente necesarios como el #MeToo hayan surgido voces que han pedido censurar esta y otras obras. En mi opinión, sería una aberración. Nos privaría de una joya literaria. Saldríamos perdiendo. No podemos aplicar los códigos de lo que entendemos que es aceptable y lo que no al universo libre y forzosamente provocador de la creación artística. Cualquier película de acción actual podría ser censurada por apología de la violencia. O por incurrir en delitos de odio. Creo que no debemos caer en ese tipo de revisionismos.

Como tampoco comparto que se juzgue la obra por lo que fue o dejó de ser su autor. Cuando leo Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda no legitimo al supuesto maltratador que dicen que fue. Ni comparto la muy cuestionable forma en que Picasso trató a las mujeres de su vida cuando admiro el Guernica. Por eso tampoco me encaja que ahora se líen a tirar estatuas por las controvertidas, cuando no, repudiables acciones cometidas por personajes que han marcado la historia del mundo, de un país o de un pueblo, como está pasando con Colón. No podemos mirar con ojos de hoy los hechos del pasado, sobre todo cuando son de siglos atrás. Desde ese prisma, no se salvaría nadie. Ni Reyes ni artistas ni aclamados líderes populares. No pasarían los filtros éticos ni legales de hoy en día. Ninguno.