El país se paraliza, pero aquí no pasa nada

13/09/2019

Silvia Fernández

La negociación de Unidas Podemos y el PSOE de Pedro Sánchez está al borde de la ruptura. Así se ha escenificado en las última reuniones que han mantenido los equipos negociadores de ambas formaciones políticas. Sin embargo, ellos siguen con su farsa que, la verdad, que de otra forma no se puede llamar a esta escenificación de una negociación en la que ninguna de las dos partes cree y a la que ambos acuden con poca gana y con la esperanza de que el fracaso se le endose al otro.

Con ese teatrillo lo que están consiguiendo es que los ciudadanos se aburran y detesten un poco más la política. La desafección hacia la cosa política y los políticos es cada vez mayor por dos razones: la incapacidad para llegar a acuerdo y entenderse y el interés único que mueve a ambas formaciones: su propio yo sin importar el interés general. El país lleva meses metido en una parálisis absoluta y en un entorno de bajo crecimiento que comienza a ser preocupante. Los analistas y sectores productivos advierten de que la actividad económica se está paralizando y de que el empleo está sufriendo ya las consecuencias. Sin embargo, este asunto, que debería ser primordial para los políticos, pasa a un segundo plano metidos como están en la farsa de las negociaciones.

El turismo está empezando a costiparse por la situación económica de los principales mercados emisores como Alemania, que está a punto de entrar en una recesión; el brexit amenaza el horizonte turístico y de muchas empresas a consecuencia de la caída que se prevé de la libra y los cambios y recortes que sufrirá el Reino Unido convertido en un tercer país, ajeno a la Unión Europea. La guerra comercial entre EE UU y China va a pasar factura a la industria española, como ya lo está haciendo en otros países como Alemania. La construcción, que estaba tirando con fuerza, comienza a aflojarse. La incertidumbre ante la ausencia de un gobierno está paralizando inversiones y recortando el crecimiento del empleo al tiempo que el comercio, empieza a notar el estancamiento del consumo.

El escenario empieza a parecerse demasiado al que había en 2008, cuando todos los indicadores económicos se pusieron de acuerdo para pasar todos, poco a poco, al terreno negativo. Pero, aquí no pasa nada. Otra vez la historia se repite, incluso en la negativa a ver una desaceleración, tal y como sucedió entonces con Zapatero negando la evidencia de la crisis que se avecinaba.

Las comunidades autónomas, de todo signo, necesitan también ya un gobierno para que recibir los 2.135 millones que el Estado les adeuda y que siguen bloqueados al haber un ejecutivo en funciones. La asfixia es total pero aquí no pasa nada. Y aún quedan dos semanas más de farsa.