Café para todos

El orgullo de Gran Canaria

14/08/2019

Pocos enemigos son tan poderosos como el fuego. Temido y amado desde tiempos inmemorables, su maldad se identifica con el infierno, con la oscuridad, con el lado más siniestro de la muerte. Enfrentarse a él es una batalla heroica, donde miles de valientes se enfrentan a Goliat, con todas las de perder, pero con la obligación de luchar por algo sagrado, nuestra tierra, nuestra gente, nuestra vida.

Gran Canaria, como perfectamente titula hoy este medio, ha ganado la batalla. Todos miran con orgullo a esta isla, donde una vez más, se ha demostrado que no hay mayor demostración de amor por esta tierra que luchar por ella en los momentos difíciles. Gran Canaria es las lágrimas de la señora de Artenara viendo como arde su tierra. Gran Canaria es la mirada del niño de Tejeda que desolado se resguarda a la espera de que la pesadilla acabe. Gran Canaria es el hombre de Gáldar que protege a sus animales ante una muerte segura. Pero por encima de todo, Gran Canaria es la unión de un pueblo unido por un sentimiento común.

La imponente y brillante foto de Beny Aguiar, con el pueblo de Tejeda y las llamas al fondo, se viralizó por todo el país, plasmando el daño que puede hacer un chispazo inocente. Las viñetas de Morgan, ese genio a la sombra de un lápiz, que tanta importancia tiene a la hora de explicar la actualidad, volvió a describir a la perfección el sentir común. La portada de CANARIAS7 en su edición de ayer, con ese «Gran Canaria respira» ilustrada con otra obra maestra de Arcadio Suárez, pasará a la historia como otra batalla ganada al fuego, que lamentablemente, esta isla vuelve a protagonizar.

«Por mucho que el fuego se empeñe, esta isla no va a perder ni un ápice de su belleza, de su personalidad, de su idiosincrasia»

Son tres ejemplos cronológicos y gráficos del drama que hemos vivido desde que aquel conato de incendio se convirtiera en un monstruo imparable.

Por mucho que el fuego se empeñe, esta isla no va a perder ni un ápice de su belleza, de su personalidad, de su idiosincrasia. Vendrán más incendios, y vendrán más victorias. En todos y cada uno de ellos ha quedado demostrado que si bien las llamas son un imponente rival, la solidaridad de nuestras islas simbolizan un escudo indestructible.

El autor del terrible accidente también llora. Su imprudente acción no puede crucificarlo. El enemigo, insisto, no es él. Los enemigos son los pirómanos que intencionadamente se van al monte gasolina y mechero en mano. El incendio de Cazadores nos enseñó que tenemos que mantenernos en alerta, porque ahí fuera siempre habrá alguien que sueña con intentar destruir lo que es de todos. Hoy todos nos podemos mirar con orgullo, y seguir amando a Gran Canaria.