Desde mi sofá

El monstruo vino a vernos

11/11/2019

Dos hechos importantes se sucedieron desde abril hasta ayer para explicar el brutal crecimiento de la ultraderecha tras la jornada electoral.

Por un lado está la incapacidad del PSOE y de Unidas Podemos para lograr un acuerdo para la gobernabilidad y evitar el trance de unas nuevas elecciones. Las negociaciones y los vergonzosos desencuentros protagonizados por estas dos fuerzas políticas, guiadas por los personalismos y por el interés propio en detrimentro del general, ha supuesto un caldo de cultivo idóneo para que las ideas extremas y añejas calasen en una parte de la población.

La otra circunstancia que explica los resultados cosechados por el partido que lidera Santiago Abascal se deben a lo sucedido en Cataluña. La respuesta violenta y salvaje de los supremacistas liderados por Torra, tras la sentencia del Supremo que mantiene en la trena a los delincuentes que se saltaron la Constitución y las leyes fue la gasolina necesaria para que el vehículo de la ultraderecha cogiese impulso. Cada adoquín lanzado por los salvajes supremacistas en Cataluña suponía, como algunos vaticinábamos y temíamos, cientos de votos para Vox. Lo mismo con cada carretera cortada, con cada hoguera en las calles de Cataluña, con los insultos hacia los que piensan de otra manera, con el mobiliario urbano y las señales de tráfico arrancadas, con los escaparates destrozados y los comercio asaltados en favor, supuestamente, de unas ideas que se resumen en que parte de los nacidos en esa comunidad autónoma, supuestamente, son superiores al resto de los españoles (y europeos) y por tanto requieren de una República independiente. La historia, la real, no con la que se adoctrina en las escuelas, los institutos y las universidades dominadas por supremacistas de salón ubicadas al sur de los Pirineos y en la Comunidad Autónoma que está al Norte de Aragón, nos ha enseñado que ante situaciones extremas, de peligro y con cierto aroma bélico, el ser humano se decanta por las ideas más extremas, por muy descabelladas que sean a poco que se tenga un poco de raciocinio. Lo único que podemos es dar la enhorabuena a los que han logrado que el monstruo haya venido a vernos. Confiemos que por poco tiempo...