Primera plana

El libro de Sánchez

21/02/2019

Dudo que lea el libro de Pedro Sánchez. No es nada personal. Confieso que rara vez leo las tribunas de los políticos. Pero un texto del que no solo ha participado sino que directamente ha promovido Irene Lozano (a la que sí leía en su etapa de columnista en el diario ABC, hace muchos años ya de aquello) no es de Sánchez y, por consiguiente, tengo otras lecturas pendientes. En el mundo anglosajón es recurrente que los políticos escriban sus memorias y ensayos diversos. Aquí no tanto. Uno de los que sí lo hace de modo auténtico es Alfonso Guerra. Es un ejercicio de honestidad, el de la autoría, que el lector agradece. Eso no quita que vaya conociendo las lindezas que salen publicadas en diferentes medio de comunicación que deja el libro de marras en el que Sánchez anuncia cuál fue su primera decisión al llegar a La Moncloa (el cambio del colchón) o su trato (al parecer más que familiar) con el rey. Situación que, por cierto, deja al monarca entre la espada y la pared. Ese tipo de cuestiones es mejor no ventilarlas ante la opinión pública porque compromete a la Casa Real.

Así las cosas, si no he citado el título y la editorial es intencionadamente. Es verdad que no se puede hablar de aquello que no se lee. Pero también es cierto, no siendo menos, que lo que se ofrece al lector debe ser de uno mismo. Y no de otro. El que firma debe ser el que se esfuerza. Y escribir es un esfuerzo, no es la placidez sobrevenida en el que por arte de magia el teclado se golpea solo...Una cosa es que el universo de la literatura y del periodismo esté fatal, inmerso en la precariedad, y otra muy distinta es que nos confundamos mutuamente.

Por ahora no leeré el de Sánchez. Sí leí las memorias de Joaquín Almunia (editadas por Aguilar) que vieron la luz al poco de perder las elecciones generales del año 2000 ante José María Aznar. Yo era entonces un adolescente y las bebí enseguida mientras, cosas de la edad, me absorbía cómo aquel PSOE que protagonizó la Transición llegó contra pronóstico poco tiempo después al poder. Aquella victoria socialista de octubre de 1982, la de los 202 escaños comandada por Felipe González y Alfonso Guerra, marcó a una generación e imprimió el carácter del PSOE hasta el aterrizaje de Sánchez en Ferraz que rompe con la tradición nacida en Suresnes. De eso, supongo, que no habla él en su libro que, como prometí, no cito. En fin, digo yo, que Sánchez (siga o no en La Moncloa) continuará con otras publicaciones de la mano o no de colaboradores próximos. De lo contrario, será una incongruencia suya; otra más para ser exactos