Un martes cualquiera

El efecto llamada

02/07/2018
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Avisaban del efecto llamada, de que si dejábamos entrar a los inmigrantes del Aquarius, otros refugiados elegirían el mismo destino. Entonces invadirían el país, nos quitarían el trabajo, y el dinero público se malgastaría en alimentar a extranjeros. Puedo pecar de repetitivo, pero es que me hierve la sangre cada vez que lo pienso. Afortunadamente hubo final feliz, se impuso la cordura, y solo tenemos que lamentar convivir junto a parias egoístas. Pero malas hierbas hay en todos lados, ¿no? Además, los rescatados del Open Arms, últimos en arribar a las costa españolas, recibirán el visado excepcional con el que podrán regular su situación. Medida obtenida tras los esfuerzos de la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y la Cruz Roja por garantizar ciertas garantías a personas que solo aspiran a tener un futuro.

«El efecto llamada se ha producido con el surgimiento de una nueva Manada en la isla por una ley que deja libres a violadores»

Medalla para España, pero todavía queda un largo camino que recorrer. Porque el efecto llamada, ese que tanto advertía un sector de la política y la población, se ha terminado produciendo. Tenían razón. Pero por otro motivo y en nuestra propia isla. Ahora tenemos una Manada isleña. Un grupo de violadores que, presuntamente, han adoptado el nombre de los famosos de San Fermín y forzaron a una chica en Maspalomas. Ocurrió días después de que la justicia decretase la puesta en libertad de sus mentores. Y, como un castigo divino, otros desalmados imitaron a los pioneros. Debe ser un golpe para aquellos que no apostaron por un castigo ejemplar y permitieron que la víctima cargarse con parte de la culpa de lo ocurrido. El mayor dolor, como siempre, es para la nueva inocente que ha sufrido estas vejaciones. Permitida, en parte, por la valentía de unos enfermos al saber que la pena no sería para tanto. Una ley endeble que da lugar a un efecto llamada a nuevas atrocidades.

Aunque más que endeble, la sensación es que es injusta. Porque mientras la vieja y la nueva Manada están en libertad, tratando de sacarse el pasaporte para huir, tenemos en nuestras cárceles a presos políticos y raperos. Los primeros por defender unos ideales anticonstitucionales, pero por los que abogan miles de catalanes. El segundo, por sus letras contra el sistema. Y ellos, haciendo mucho menos, no tuvieron carta blanca para elegir prisión como Urdangarin. Visto lo visto, lo difícil sería no clamar contra unas leyes desfasadas y que continúan siendo patriarcales, machistas y desiguales. La mujer ya no está bajo el yugo del hombre, ya podemos tener ideas políticas propias y luchar por ellas. Entre rejas tienen que estar los violadores, y no músicos ni políticos. Y hasta que eso no se logre, seguiremos poniendo el grito en el cielo.