Primera plana

El drama de la encuesta

13/01/2020

Ayer ABC publicó la primera encuesta realizada tras la sesión de investidura. La hizo, como es habitual en el periódico, la empresa GAD3 dirigida por el sociólogo Narciso Michavila que es de los que pueden presumir que más acierta en sus pronósticos y, de hecho, fue el que hace un año detectó la entrada de Vox en el Parlamento andaluz unas jornadas antes a la cita electoral. El sondeo es muy significativo. Y aporta dos claves, una puntual y otra estructural, que determinarían el inicio de la legislatura. Vayamos por partes.

El factor puntual e inmediato: el PSOE sigue bajando. Ahora obtendría 109 diputados con respecto a los 120 del pasado 10N. La pérdida de votantes sería de medio millón que acumulado desde los comicios del 28A ya supondría 1.200.000 votos. Si es así, de momento no se atisba el impulso típico que caracteriza a un Gobierno que comienza la faena. Al contrario, pierde fuelle por su flanco moderado que se iría al PP que aumentaría de 89 a 103 escaños. Vox prácticamente se mantiene con 51 representantes, Podemos baja ligeramente hasta las 32 actas y Ciudadanos queda en 12.

Por otro lado, la cuestión estructural: ni las izquierdas ni las derechas suman en bloque. Por lo tanto, ambas bancadas quedan sujetas al hipotético respaldo de nacionalistas e independentistas. Se reafirma que la izquierda en este país ya necesitará de manera estable de los nacionalismos periféricos en aras de la gobernabilidad. Porque las tres derechas no alcanzan los 176 representantes de la mayoría absoluta y PSOE y Podemos tendrán que encarar con éxito la problemática territorial si aspiran a seguir en La Moncloa.

De persistir esta tendencia demoscópica, el sistema del 78 estaría finiquitado antes o después y ya estaríamos instalados en una especie de agonía. Los resultados que se reflejan en la Cámara son fruto, en última instancia, de un andamiaje electoral trazado por las élites del tardofranquismo que endosó al texto de 1978 lo ya elaborado preconstitucionalmente por Adolfo Suárez como piloto de la Segunda Restauración dictada por el monarca. Aquellas normas aún imperantes, que priman la España interior frente a la periférica, el ámbito rural ante el urbano, que sacralizó la provincia como circunscripción, no casa con el multipartidismo vigente que a su vez es producto de los cambios sociales surgidos después de la Gran Recesión de 2008. El riesgo de implosión del régimen del 78 es palpable. Y una fórmula de gran coalición a la alemana solo serviría para estirar la degradación en cuanto que pasaría factura al PSOE. El peligro de que perdure la descomposición política es real. No es ninguna broma. La crisis constitucional, y lo que la actual legislatura pueda durar, dependerá del independentismo catalán. Sin el concurso del PNV y la extinta CiU, no es viable la arquitectura ungida en la Transición en cuanto que sobre ambos nacionalismos históricos también descansaba la gobernabilidad y, por ende, la democratización. Sin reforma constitucional, de verdad, que supere lo cosmético, el sistema del 78 no es operativo y seguirá en un proceso de decadencia cuyo desenlace desconocemos.