Café para todos

El drama de cada año

12/12/2019

La navidad es sinónimo de familia, regreso a casa, celebraciones, cenas eternas y comidas con amigos. Es el paseo por las calles de la infancia, el abrazo sincero a los tuyos o las comidas del día 25. La navidad tiene todo lo que se pueda tener de emotivo, y eso en gran parte es porque los que están fuera hacen todo lo posible para regresar, aunque sea unos días, a ese idealizado paraíso que supone el hogar.

Por eso por estas fechas la gente es más feliz. Más simpática. En gran parte porque hasta el más amargado sabe que es lo que corresponde. Pero hay gente que sufre. Porque precisamente en estas fechas los sentimientos está a flor de piel. Muchas personas visitan a sus familiares a la planta del hospital donde está ingresado. Los coros voluntarios llevan la alegría a la planta de oncología donde los enfermos agradecen esa luz de esperanza. Es una estampa tan cruel como hermosa. Y eso solo pasa en Navidad.

Otras personas en cambio sufren porque el trabajo no les ha permitido volver a casa, y tienen que cenar algo rápido el 24 por la noche y seguir trabajando. Siempre con la mente puesta en esa mesa llena de familiares a miles de kilómetros. Siempre he pensado en lo injusto que es eso. Que los canarios que han tenido que salir para tener trabajo encima tengan que pagar ese alto precio, es algo muchas veces inasumible.

Y luego está el ejemplo de las miles de familias que en las islas cogen el móvil, la tablet o el portátil, y brindan desde la distancia y con dolor con tantos hijos que se han quedado en la península porque no han podido pagar el billete a casa.

Uno de los comentarios más frecuentes de todos aquellos que no entienden esta crueldad es que les hubiera salido más barato si lo hubieran comprado antes. Pero el problema es que la antelación es un término cada vez más difuso en el mundo laboral. Muchos de los afectados lograron confirmar esos días libres una semana antes, y encima tienen que aguantar tonterías.

Evidentemente, las compañías aéreas están en su derecho de poner el precio que consideren oportuno. No seré yo quien hable de precios máximos fijados por ley, porque creo en el libre mercado. Pero si creo que debe buscarse una solución para esos casos. Porque en lo que no creo es en la injusticia.