Opinión

El Día de la Delegación

07/12/2018

Ayer la Delegación del Gobierno vivió su cita grande. Si hay una jornada al año en la que atrae toda la atención es el Día de la Constitución; ese más el de los comicios por aquello de informar avances de participación y servir de operativo para el recuento electoral. Así, cada 6 de diciembre, en la plaza de La Feria se reúnen autoridades civiles y militares, representación empresarial y medios de comunicación. Con el añadido esta vez que se trataba de conmemorar 40 cursos de vida del texto constitucional. Ahí estuvo la delegada del Gobierno Elena Máñez ejerciendo de anfitriona y maestra de ceremonias, la subdelegada Teresa Mayans y el resto del equipo. El acto fue directo y sin sobrepasarse en el tiempo, cosa que siempre se agradece desde el público por parte de los invitados.

«La realidad es la que es: la armonía nacional se ha roto»

La realidad es la que es: la armonía nacional se ha roto. Nadie sabe qué va a pasar pero se intuye que el clima político se ha enrarecido con los extremos ideológicos compitiendo entre sí. Se propagan parabienes sobre la Transición y la Carta Magna de 1978 que, junto a la de 1876, ha brindado un periodo de estabilidad apreciable. Porque poco a poco se abre paso la certeza de que el bipartidismo, con todos sus errores, ofrecía certidumbre y paz social. Dos valores a sopesar, especialmente el primero por los anglosajones, que pronto echaremos de menos a medida que el escenario nacional se degrada.

Máñez hizo alusión en su discurso a la importancia de las autonomías. Algo que hasta ahora se daba por normal y que, sin embargo, habrá que resaltar enérgicamente (precisamente en Canarias) desde que la noche del pasado domingo Vox apareciera en escena a cuenta de las elecciones andaluzas. Porque se va a poner sobre la mesa la recentralización de competencias tal como quisiera la ultraderecha y hay nacionalidades, como la canaria, en la que habrá que estar al acecho de lo que sucede en Madrid. Y es que uno de los aspectos más positivos de la norma del 78 es el grado de descentralización que ha permitido. Máñez hizo su papel. Pero conviene recordar que hace unas décadas en ese mismo edificio estaban los gobernadores civiles del franquismo que primero consolidaron la dictadura y luego intentaron torpedear la democratización ya en el tardofranquismo. En la plaza de La Feria radicaba la conexión con el poder central y, a partir del 78, sí tornaron en figuras que cedieron el protagonismo exclusivo y acompasaron desde una posición de testigo la descentralización. Ya puestos, lo peor en el presente no es que no se reforme la Constitución a pesar de ser el monotema sino que corremos el riesgo de rupturas abruptas a tenor de la conflictividad política que se avecina. Hay que evitarlo.