Primera plana

El desgobierno de Santa Lucía

15/02/2020

Lo que mal empieza, mal acaba. Santa Lucía de Tirajana ha sido noticia desde el primer instante, al poco de constituirse el equipo de gobierno, por escándalos sucesivos de alcance dentro y fuera de la isla que han desconcertado a la ciudadanía. Un deterioro municipal creciente que, a todas luces, vislumbra una moción de censura inminente. Ahora bien, esta realidad solo se comprende desde la antesala en la que el verano pasado Nueva Canarias no pudo reeditar la alcaldía en cuanto que el PSOE bajó los brazos y miró hacia otro lado. Esa inacción socialista, que incluso en los primeros días de la negociación fue de clara hostilidad intentando forzar otras alternativas, no fue algo puntual y concerniente tan solo a Santa Lucía de Tirajana sino que obedeció a una táctica de arrinconamiento hacia Nueva Canarias en distintos enclaves: Telde, Teror, Arucas... Todo ello, motivado por la repetición de la victoria de Antonio Morales en el Cabildo de Gran Canaria.

El PSOE emprendió un ataque contra Nueva Canarias desde la premisa de que fruto de su fortaleza municipal se estaba expandiendo a su costa. Dicho de otra forma, Nueva Canarias había dejado de ser el socio simpático que servía para respaldar al PSOE y se convirtió en una amenaza a combatir de plano. ¿Fue una tesis compartida por todo el PSOE? A buen seguro, no; tan solo por la parte socialista grancanaria menos afín a Ángel Víctor Torres. De hecho, Torres estuvo junto a Morales en un mandato de estabilidad para la institución insular de la calle Bravo Murillo. Es más, perfiles del PSOE más sensibles y proclives a la defensa de los derechos nacionales canarios y a las raíces sociopolíticas emanadas del posconcilio que explican el nacimiento de Asamblea de Vecinos (luego Asamblea Canaria e ICAN), hubieran entendido que la pluralidad de la izquierda es más enriquecedora y ofrece más réditos a la larga que el sectarismo. José Miguel Pérez no dudó en pactar en 2007 con Román Rodríguez para desbancar a José Manuel Soria instalado en el púlpito de la escalinata del poder construida para la ocasión en el salón de plenos del Cabildo.

Nueva Canarias anotó en el verano de 2019 esa ofensiva del PSOE que constituye un antes y un después en la memoria del nacionalismo canario de corte progresista y que a saber qué consecuencias generarán con el tiempo. Fue precisamente en ese marco de guerra en el que se explica la carambola que aconteció en Santa Lucía de Tirajana y que ahora se desmorona porque sus cimientos no eran sólidos. Mientras el PSOE embestía contra Nueva Canarias en el conjunto de la isla, las otras formaciones aprovechaban para sacar partido justo en su feudo electoral liderado desde la irrupción de la democracia por Carmelo Ramírez, Camilo Sánchez, Silverio Matos y, por último, Dunia González.

El 26M volvió a ser primera fuerza Nueva Canarias con 7 concejales (23,78% de los votos). Eso sí, pudiendo alcanzar cotas mayores. Nueva Canarias ha entendido el mensaje. Y, de consumarse la moción de censura, en la presente legislatura debe sentar las bases para el relanzamiento en el municipio del proyecto político que siempre abanderó desde los primeros comicios locales de 1979. En ese triángulo de la pobreza del sureste de Gran Canaria se vivió el drama de la aparcería; un universo de carencias y desigualdades que alimentaron numerosas injusticias y explotaciones que fueron erradicadas desde el municipalismo comprometido socialmente. En Santa Lucía de Tirajana anida una parte importante de los orígenes de Nueva Canarias. Aquel fue su 15M.