A cara descubierta

El cuento de la gripe

03/04/2020

Silvia Fernández

Me pregunto desde hace días, a medida que sube el número de fallecidos por coronavirus, dónde están todos aquellos expertos, biólogos y médicos que nos advertían al inicio de los contagios de que esto era una gripe más y que el número de fallecidos no iba a ser muy superior a la que nos deja cualquier invierno. Italia se acerca poco a poco a los 15.000 fallecidos mientras que España supera los 10.000, en un constante alza que ronda el millar diario y por ahora, no cesa.

La gripe común causó 6.300 muertes en España el año pasado y hablamos de una temporada de invierno completa, no de un solo mes que es lo que llevamos desde que se confirmó el primer fallecimiento.

Y la cifra aún podría ser peor si España no hubiera tomado medidas tan extremas como encerrar a sus ciudadanos por decreto en casa y cesar toda la actividad económica, salvo la esencial. Según un análisis matemático realizado por epidemiólogo del Imperial College de Londres, el confinamiento de los españoles ha evitado 16.000 muertos más a fecha de esta semana. Si se contara la siguiente el número de muertes evitadas sería de 38.000.

Así que si sumamos los fallecidos reales con los evitados estamos hablando de cerca de 50.000 muertes en apenas cinco semanas, nada que ver con los 6.300 fallecidos por la gripe común en 2019 y en cinco meses (de noviembre a abril).

De haber conocido esta realidad, la verdadera no la que nos hicieron creer, es cierto que hubiéramos entrado en pánico pero también nos hubiéramos cuidado todos un poco más y no nos hubiéramos prodigado en conciertos, manifestaciones varias, partidos de fútbol y mogollones de carnaval. La actividad económica se habría resentido antes pero seguro que hubiéramos atajado este contagio que nos deja imágenes y situaciones terribles.

Las salas llenas de ataúdes a la espera de albergar a los nuevos fallecidos, el colapso de féretros mantenidos en edificios de alta refrigeración como el Palacio de Hielo en Madrid, las morgues de los hospitales saturadas y lo peor de todo, la gran cantidad de personas que están falleciendo en la soledad más absoluta mientras sus familias los despiden y lloran en la distancia sin posibilidad de un abrazo, un beso, un te quiero o un hasta pronto. Demasiado terrible.