Lunes en África

El colchón y las pensiones

25/02/2019

Gonzalo H. Martel

Las noticias falsas más perversas suelen ser las verdades que no se cuentan. Con la fanfarria electoral llegan ecos sobre las relaciones de pareja de los candidatos como Albert Rivera, se abordan los asuntos que establece la agenda del libro de Pedro Sánchez, o se ponen corazoncitos en los anagramas de los partidos. Con las nuevas tendencias, la campaña de las próximas semanas pronto incluirá perfumes, muñecos de peluche y toda clase de experiencias acolchadas. La importancia del colchón en los palacios no es una excentricidad en un libro; es un viejo mecanismo de poder. Los pregones de la progresía reinante dibujan un mundo rosa por venir, frente a la casquería de la derechona.

Del asunto territorial apenas se percibe la jaculatoria del diálogo, sin concretar detalles de quién va a pagar la fiesta. El público español es de pronto sensible y duro de entendederas, torpe ante las sinceras intenciones de la noble burguesía catalana. Nada que ver con la cicatería aplicada a la financiación pública de Canarias. Los convenios que debe pagar el Estado, y la misma diferencia ultramarina de las Islas, no merecen atención ni respeto por prevención. Mientras discuten por dinero, el entretenimiento está garantizado.

Sobre los territorios de la discordia ondea la bandera de las políticas sociales. Y gracias a esa sensibilidad, se ha reventado el pacto de las pensiones. La miopía electoral impide soluciones eficaces a problemas de largo recorrido, porque las luces de los partidos no alumbran más allá de la siguiente cita en las urnas. El silencio sobre las garantías de las pensiones es del tamaño del agujero que se tragará a las próximas generaciones. Usted no sabrá cómo llegará a la jubilación, pero quien gobierne descansará en un colchón nuevo.