Editorial

Canarias tras la moción de censura

03/06/2018

El Gobierno de España ya tiene nuevo presidente. Una moción de censura que inicialmente fue recibida como una simple operación de mercadotecnia partidista pero condenada al fracaso parlamentario ha derivado en la salida de Mariano Rajoy de La Moncloa y la llegada de Pedro Sánchez, que accede a la Presidencia aupado por los apoyos de socialistas, Podemos y sus confluencias regionales, los nacionalismos vasco y catalán, así como el apoyo de Nueva Canarias.

Son muchas las incógnitas que rodean el proyecto político que capitanea Pedro Sánchez, como también fueron muchas las evidencias de la incapacidad del Partido Popular para asumir las responsabilidades derivadas de la severa condena judicial por el caso Gürtel. A esto hay que sumar la impericia de los populares para mantener los apoyos que hace apenas una semana les permitieron sacar adelante en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado.

«Lo que sí es preocupante para los intereses canarios es la contradictoria, al tiempo que ridícula, posición de CC»

En los próximos días y semanas veremos si Pedro Sánchez es capaz de dirigir un Gobierno estable, tanto en la gestión como en las alianzas parlamentarias, y también si el centro derecha se recompone a partir de un PP derrotado y esa tierra de nadie en la que ha quedado Ciudadanos, que es el otro gran perdedor de la semana.

Desde la perspectiva del archipiélago, tanto el Partido Socialista como Nueva Canarias han asegurado que no peligran las cuestiones que marcan la llamada agenda canaria. De entrada lo coherente es que el Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta, dé su visto bueno a los presupuestos, que Sánchez ya ha dicho que asume, y que se materialicen las importantes mejoras introducidas en los mismos para Canarias.

Tampoco hay motivos para pensar en un bloqueo del capítulo económico del REF, cuya negociación estaba muy avanzada y que seguía la senda de lo aprobado en el Parlamento canario. Y en cuanto a la actualización del Estatuto de Autonomía, no se prevé un giro hacia una mayor centralización ahora que el Gobierno entrante se apoya en los nacionalistas. Es más, quizás en este escenario sea más factible sacar adelante la tan necesaria reforma electoral.

Lo que sí es preocupante para los intereses isleños es la contradictoria, al tiempo que ridícula, posición de Coalición Canaria en el debate de la censura. En cinco días, el partido que sustenta a Fernando Clavijo en el Gobierno regional y que tiene a Ana Oramas en el Congreso pasó de oponerse a una censura de «populistas y radicales» a abstenerse por «sentido de Estado». Con ello ha podido debilitar seriamente la imagen del nacionalismo canario, además de entorpecer las relaciones entre los dos gobiernos.

Por suerte hay otro nacionalismo canario sentado en las Cortes que supo explicar, como hizo el PNV, que una cosa es apoyar los presupuestos por las partidas canarias y otra participar en la censura por coherencia ideológica y convicción en la necesidad de una regeneración.