Café para todos

Dos bloques y un destino

25/04/2019

Los dos debates electorales vividos esta semana han evidenciado la existencia de dos bloques aparentemente irreconciliables, y teóricamente muy diferenciados.

El primero de los debates lo ganó con solvencia Rivera, que apabulló a sus rivales desde la primera intervención, y no bajó el ritmo hasta el final. Fue un ataque sorpresa que al resto les cogió con el pie cambiado, y que sin duda les sirvió para prepararse con más cautela el segundo. En ese primer duelo, Rivera repartió a diestro y siniestro, aunque evidenció que quiere formar gobierno con Casado, al que le tendió la mano en numerosas ocasiones.

Ese bloque de centro derecha, con el apoyo de la extrema derecha, tardará dos minutos en llegar a un acuerdo en caso de que los números den. Frente a ellos, un Sánchez nervioso que mejoró mucho en el segundo debate, donde estuvo más agresivo y presidencial. Casado, por su parte, tuvo un primer debate horroroso, y un segundo muy bueno. En este último consiguió liderar su bloque, salvando la papeleta a Rivera, que estuvo muy acelerado, interrumpiendo mucho y faltón.

«El primero de los debates lo ganó con solvencia Rivera, que apabulló a sus rivales desde la primera intervención, y no bajó el ritmo hasta el final»

Se notó que durante la publicidad, el asesor le aconsejó que bajara el ritmo, y así lo hizo. A partir de ahí se volvió a centrar en lo que mejor tiene, programa y medidas.

Pablo Iglesias jugó un papel clásico en todos los debates electorales, el de árbitro y portavoz de la ciudadanía, pidiendo respeto y mesura, lo que maquilló algunas medidas escandalosas, que pasaron desapercibidas ante el ambiente bronco de los otros tres candidatos.

Iglesias tuvo un primer debate más bien flojo, y un segundo bueno, donde superó con creces a Sánchez, su futuro socio si todo cuadra. Parece que su nuevo papel de santo, pidiendo altura de debate al resto, es una inteligente estrategia que le servirá para atraer a esos votantes de centro izquierda que permanecen indecisos.

Soy gran seguidor de estos formatos, mucho más ágiles que los ya casposos (y aburridos) cara a cara de los dos grandes partidos. Unos se sienten más cómodos, como Rivera e Iglesias, y otros un poco menos, como Casado y Sánchez.

El presidente del Gobierno se niega, de manera inteligente, a cerrarle las puertas a Ciudadanos para un futuro pacto, que es el favorito de su electorado. Rivera, por el contrario, insiste en que no le perdona a Sánchez su «amistad» con los independentistas, tanto catalanes como vascos, tema este que monopolizó gran parte de los dos duelos. ¿Tendrá algún efecto sobre el electorado indeciso?

Sin duda, aunque es imposible saber en qué medida. Pero de algo no hay duda: el próximo domingo lo vamos a pasar todavía mejor.