Opinión

Diecinueve días

02/04/2020
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Diecinueve días sin salir de casa. Diecinueve días de números y gráficas. Diecinueve días de dudas y pesimismo. Diecinueve días de “quédate en casa”. Diecinueve días de eventos cancelados. Diecinueve días y sumando.

Cierro los ojos durante dos minutos y mi mente comienza a pensar que todo es una pesadilla. Hasta que los abro, enciendo la tele y descubro que ahí sigue. Están muriendo miles de personas y el pico parece que llega, pero nunca termina de hacerlo.

Una semana y dos días antes de declararse el estado de alarma, me mudé de Gran Canaria a Madrid. Llegué con las expectativas altas y feliz por encontrar mi sitio después de tanta búsqueda de trabajo. Ha pasado casi un mes y aquí sigo, sin salir y sin poder volver a mi isla. Estoy completamente segura de que ver el mar, aunque sea desde una ventana, sentir el calor y tener la comida de mamá ayudaría a pasar mejor la cuarentena. Pero me da miedo llevar este maldito bicho a casa.

Menos mal que, cada tarde, a las ocho y media, después de los aplausos, suena el teléfono. Es la hora de la llamada familiar. En cada reunión virtual, nos vamos turnando para montar un espectáculo sorpresa que consigue matar el aburrimiento diario. Hablamos (bueno, más bien gritamos), cantamos, brindamos y reímos. Mucho. Ahora nos sentimos más cerca.

Y es eso lo que guardo.

Hoy aplaudo feliz por ver a los míos, aunque sea con una pantalla de por medio. Ya habrá tiempo de seguir lamentándose.