Primerapla

De Franco al multipartidismo

26/10/2019

A Franco una vez le tocó la quiniela. Un buen premio. No es broma. Como tampoco lo era su pasión por el cine, se encerraba a ver películas como entretenimiento doméstico. Detalles de la vida de un hombre tan cauteloso como gris y mediocre. Si no es por la contienda de Marruecos en la que destacó por su arrojo al comandar a las tropas, no hubiera llegado a los primeros días del golpe de Estado contra la Segunda República con una aureola frente a sus correligionarios de alta graduación con los que se disputaba el liderazgo mientras la Alemania nazi metía prisa para acabar cuanto antes una empresa militar que terminaría en 1939 derrochando sangre y destrucción.

Si el desplome de Ciudadanos que augura todas las encuestas se confirma, habrá terremoto político. Porque eso significa que Vox aguantará o incluso subirá escaños en el nuevo escenario mientras la distancia entre el PSOE y el PP se estrecha. Ciudadanos podría en breve acogerse a la ley concursal y desarmar su organización con la mudanza de cajas y utensilios para guardar en el cuarto trastero del garaje a modo de reliquias de museo, pero su mensaje antinacionalista continuará después del 10N porque ha empapado a los socialistas como a los populares. Y es aquí donde el PNV, las fuerzas catalanistas y el nacionalismo canario tendrán que estar alerta en tan solo unos meses.

«Si el desplome de Ciudadanos que augura todas las encuestas se confirma, habrá terremoto político»

El franquismo propició la no implicación política. La movilización totalitaria fue cosa más bien de los alemanes e italianos. Finiquitada la Segunda Guerra Mundial, Franco jugó a ser el centinela anticomunista abrazado al amigo americano. Hoy hablamos de fatiga electoral porque llevamos cuatro citas con las urnas en cuatro años. Pero no es casualidad: el andamiaje electoral (diseñado por las élites del tardofranquismo) tuvo el propósito de facilitar el bipartidismo sujeto al principio monárquico indisponible. Era, en resumen, instaurar una Segunda Restauración. No es tanto que se haya puesto de modo cuestionar la Transición, que algo de eso hay en la calle, sino la evidencia de que las costuras del sistema del 78 (especialmente la electoral) viene de entonces y, como cualquier régimen electoral, no es puro ni neutral sino que favorece unos aspectos en detrimento de otros. La sociedad tras la crisis económica ha cambiado por completo y la herencia normativa no se ajusta a la realidad. De ahí, que el puzle no encaje y tengamos que ir una y otra vez a votar.

Lo que aún no han interiorizado los actores políticos es que en el multipartidismo los premios y castigos electorales (las reglas de juego, en definitiva) son otras a las experimentadas en estas últimas décadas. Por eso pactar o no pactar o simplemente el rol que desempeña cada una de las siglas en una alianza, puede con el tiempo salirte muy caro. Porque la lógica institucional no va necesariamente de la mano con la lógica electoral, máxime en el multipartidismo vigente. Los que sepan adaptarse a este escenario cambiante donde es obligado tener reflejos y saber reaccionar, sobrevivirán en el sistema de partidos. Los que no, lo pagarán y acabarán siendo engullidos por sus competidores más cercanos. Y como rezan las películas sobre gánsteres y la mafia: no es nada personal, solo política.