Ultramar

De ahí para allá, todo es Venezuela

15/02/2020

Cuentan que una vez unos canariones recibieron a unos amigos peninsulares. Decidieron enseñarles la isla y fueron hasta el pico de Las Nieves. Orgullosos les mostraban la grandiosidad de la cumbre. Frente a ellos el Teide emergía imponente. Embebido por el entorno y las vistas, tras escuchar las excelencias de nuestra «tempestad petrificada», uno de los visitantes preguntó señalando al Teide: ¿y eso? El paisano hizo caso omiso y enalteció el Bentayga, «roque sagrado»; el Nublo, «altar de mi tierra amada», pero el peninsular insistía mirando al otro lado de la marea. Nuestro hombre, como si nada hubiese oído, tras recrearse con la cuenca de Tejeda, le dijo que cerca de allí se encontraba otra sublime caldera que acababa en interminables playas con dunas de arena rubia. Pero el foráneo insistía, tanto que el grancanario tuvo a bien concluir las explicaciones señalándole la orilla de La Aldea, «tú ves eso», le dijo, «pues de ahí para allá todo es Venezuela».

«A la vista está que los hechos proyectan valores y los intereses se anteponen a los principios»

Así parece la política española, donde los intereses se anteponen a los principios. Como clamoroso ejemplo ahí está la primera sesión de control al Gobierno de esta legislatura, celebrada este miércoles, donde Venezuela, el fugaz e inexplicado paso de su vicepresidenta por Barajas, el encuentro con nocturnidad con el ministro Ábalos o el trato dialéctico dispensado al «presidente encargado» o «líder opositor» Guaidó, monopolizó el debate, en una clara demostración de que lo que se impone es la sobreactuación de la discordia. Oídos los dirigentes políticos, por lo visto la problemática de este país nuestro está allende los mares. A la vista está que los hechos proyectan valores.

Así se explica porqué hacen oídos sordos al relator de la ONU cuando dice que la clase política ha fallado a quienes más lo necesitan, que el sistema de protección social en España está roto, que los niveles de pobreza no se corresponden con el nivel económico del país, que siendo el cuarto más rico de la UE se puede permitir hacer mucho y mejor, pero ha decidido no hacerlo.

Otro tanto, el mutis por el foro a esas previsiones de crecimiento por debajo del 2% en los próximos tres años, que cuestionan seriamente la posibilidad de crear empleo.

O también, la tardía, tibia y fugaz manera de afrontar el repunte migratorio con una cumbre presidida por el ministro del Interior, cuando desde Canarias lo que se reclama es ayuda para tener una red digna de atención a los que llegan, y eso depende del Ministerio de Trabajo, Migración y Seguridad Social, cuyo titular no estuvo presente; por no hablar del envío a Mauritania de migrantes malienses que serán devueltos a su país en guerra.

Pero, lo dicho, antes los intereses que los principios. Y de ahí para allá, todo es Venezuela.