El daño emocional

Ojalá la prontitud marque la gestión de las ayudas prometidas

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Coja lo imprescindible y salga corriendo. Ese es el mensaje que estos días han ido repitiendo los encargados de alertar a los vecinos afectados por el río de lava. Uno intenta ponerse en la pie de quien recibe el aviso y se encoge el corazón. Evidentemente, por el miedo y el impacto emocional, pero acto seguido por una pregunta inevitable: ¿qué es lo imprescindible? Sobre todo cuando quien sale corriendo tiene fundadas sospechas de que quizás no vuelva a ver su casa.

El drama que vive La Palma es tan profundo como el lugar del que sale el magma. No hay más que cerrar los ojos y hacernos la misma pregunta: ¿qué meteríamos en la mochila cuando existe la sospecha de perder la casa? Los más pragmáticos dan prioridad a la documentación, los fármacos y otras cosas del día, pero es evidente que esas, incluso en caso de perderlas por el camino o bajo la lava, se pueden recuperar. Otra cosa son los recuerdos. Ahora que todos amontonamos fotos en un dispositivo móvil, no está de más preguntarnos cómo reaccionaríamos si esas fotos de papel que teníamos enmarcadas en casa o archivadas en un cajón, y que son el retrato de una vida en familia, se pierden... para siempre.

Cada rincón de una casa, sobre todo si se ha vivido en ella mucho tiempo, atesora un recuerdo y eso no tiene precio. Ni es movible. Quedará sepultado bajo un manto de lava, borrado para siempre. Y es que viendo las imágenes de lo que pasa en La Palma, es fácil hacer la comparación con los estragos de un incendio forestal o incluso del derrumbe de un edificio. En el primero, el dueño del inmueble puede volver cuando los rescoldos se han apagado y, si no quedan ni los muros, al menos queda el suelo, que sigue siendo de su propiedad. En La Palma, ¿con qué se quedan los afectados? ¿Con el equivalente del suelo pero convertido en malpaís? Y cuando cae una casa, siempre cabe la posibilidad de remover los escombros y recuperar, como señalé antes, una foto bajo una montaña de piedras: aquí, ni eso.

El Gobierno de Canarias ya anunció ayer la compra de viviendas para los afectados. Se agradece la celeridad y ojalá la prontitud marque la gestión de las ayudas. Pero los expertos en psicología, como también en psiquiatría, tendrán que batirse el cobra para minimizar el daño emocional. El de ahora y el que se avecina. Porque si estos días lloran los vecinos, imaginemos su reacción cuando, una vez 'apagado' el volcán, regresen al lugar y vean lo que ha quedado de lo suyo: solo lava.