Primera plana

Curbelo y el rifirrafe con Hacienda

30/06/2020

Los cabildos son entidades locales y simultáneamente, en cuanto a su condición de “elemento esencial de la organización territorial de Canarias”, institución de la comunidad autónoma (art. 2.3 del Estatuto de Autonomía; en adelante EACan). Casimiro Curbelo destacó, en plena pandemia, por sus declaraciones (alarmistas o fundadas, a mi juicio más bien lo segundo) sobre lo que suponía para las islas la crisis económica venidera. Sin ir más lejos, habló de hambre y drama social. Incluso, parecía el portavoz del Ejecutivo y que decía aquello que otros no podían por el coste electoral. Y lo hizo desde un relato ante Madrid de exigencia política; cumpliendo, de ese modo, con la garantía cabildicia de poder. Reclamar frente al Estado, mancomunadamente desde esta tierra, para exigir lo que nos corresponde y no dejar tirado al pueblo canario.

Por el contrario, ahora Curbelo se ha percatado que la cosa no estriba solo en las tiranteces entre el Gobierno de Canarias y La Moncloa, sino que le exige una transferencia al titular de Hacienda ajeno a las mismas circunstancias que motivan las desavenencias ente el archipiélago y el Estado. Román Rodríguez se ajusta a los criterios establecidos y, evidentemente, no puede cubrir para los demás (cabildos insulares) lo que no puede hacer para sí mismo (Gabinete). Y es que como reza el latín, ‘Nemo dat quod non habet’, nadie puede dar lo que no tiene.

Es más, puestos a especular, si el vicepresidente cubriese hipotéticamente lo que solicita Curbelo, la capacidad de fuerza política frente a Madrid se desploma sobre la marcha. Ya no sería el pulso de las instituciones autonómicas y entidades locales en su conjunto sino una reclamación suelta del consejero de Hacienda que quedaría aislado ya con los cabildos satisfechos. No, no es eso. Ni puede ni debe Rodríguez caer en la tentación. Y, por supuesto, en Cataluña y Euskadi ni por asomo actuarían así sino que, con fundamento, irían todos de la mano.

Por otro lado, está por materializarse, de una vez, la Comisión Bilateral de Cooperación que para Pedro Sánchez parece que se pide desde Canarias como un ruego o algo puntual, como si fuese una mesa sectorial por aquello de la crisis presente cuando, en realidad, está recogido estatutariamente como “marco general y permanente de relación entre el Gobierno de Canarias y el Estado” (art. 192.1 EACan). Tan estable es la vocación de este mecanismo que se prevé estatutariamente, todavía por ejecutar dicha tarea, acordar un reglamento interno de funcionamiento (art. 192.2 EACan). No es, en suma, un capricho sino una necesidad imperiosa y una salvaguarda del autogobierno canario.

Conviene que el Pacto de las Flores aclare el criterio entre los socios porque, a fin de cuentas, al pueblo canario le va la vida en ello. Pero esa disputa política (legítima y pacífica) con Madrid se respalda en el todos o ninguno. Lo que no puede suceder, bajo ningún concepto, es que los argumentos y el relato razonado por el consejero de Hacienda se diluyan entre el contentamiento de los cabildos y las largas o el silencio de Madrid. Rodríguez trata de abanderar la reivindicación canaria. Y lo hace no solo desde su convicción nacionalista sino, además, como sustento del acuerdo gubernamental en las islas. Sin ello, el Pacto de las Flores no es viable.