Opinión

Cuerpo a tierra

18/09/2018

No es lo mismo adelantar las elecciones porque te conviene el momento e intentar aprovechar una especie de ola electoral que convocar la cita con las urnas antes de tiempo porque no te queda otra (léase debilidad parlamentaria). Puede o no haber comicios generales en 2018, veo más probable la tesis de 2019, pero si sucede será porque el actual escenario de 84 diputado no da para más. Se acabó esa primavera del poder en el que aún podías especular con un calendario más próximo pensando que jugará a tu favor. Por el contrario, se ha abierto el conflicto a bayoneta calada en el que los socios ya miran más por sí mismos que por afianzar a un Gobierno. El efecto de la moción de censura no es indefinido, o lo aprovechas en el instante o nada.

Dentro de poco hará un año en el que el rey salió en un discurso en televisión para bendecir la aplicación del artículo 155 de la Constitución ante el desafió soberanista. Quiso ahí el monarca tener su experiencia televisiva legitimadora al igual que su padre con el 23F. No es lo mismo. Y todavía hay quienes creen que Felipe VI se equivocó. Pero conviene subrayar que si el rey hizo eso fue por la inacción del Ejecutivo de Mariano Rajoy, el sentirse el sistema desbordado por los acontecimientos y la ausencia de agilidad y reflejos de los llamados partidos constitucionalistas. Esas formaciones están hoy por hoy a matarse y mientras tanto el conflicto de Cataluña sigue latente. Dentro de poco habrá sentencias lo que complicará más la salida negociadora propia de la política. Es lo que tiene judicializar, que luego enquista todavía más las problemáticas.

«Dentro de poco habrá sentencias lo que complicará más la salida negociadora propia de la política»

Los denominados partidos emergentes (que ya no lo son) no han logrado capitalizar el descontento social. Una crisis de abatimiento ciudadano, de divorcio entre la sociedad civil y la política. Esa es la herencia a gestionar en la poscrisis. Y siempre con la sombra de una gran coalición entre socialistas y populares (tal como hubiera deseado Felipe González) que se antoja esta vez más difícil fruto del giro ideológico en las siglas principales que se distancian del centro. A este paso, por cada semana habrá que hacer un pronóstico que puede incluso ser distinto. Demasiada inestabilidad solo barrunta cambios abruptos, de esos que sacuden al régimen. ¿Qué pensará el rey de lo que estamos viviendo? Porque este caos político a la italiana puede que llegue el momento, no demasiado tarde, que cuestione el sistema constitucional de 1978. Y si cae esto, cae él. Como ocurre con el pulso independentista catalán. Y no se arregla con apariciones televisivas. Palabras gruesas, gestos ásperos y una opinión pública atrincherada en sus posturas sin sopesar los argumentos del otro amén de la pasión de las redes sociales. Como en 1936 pero sin internet.