Desde mi sofá

Cronificado

El nivel de suciedad y abandono de la capital grancanaria es alarmante, a punto de convertirse en un problema grave de salud pública

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

Cuando una enfermedad se convierte en crónica las alarmas se disparan porque la calidad de vida se tambalea a corto, medio y largo plazo. Las Palmas de Gran Canaria está enferma y la dolencia es clara y va camino de cronificarse. Es una ciudad cada día más sucia. En algunos enclaves, incluso, no exageramos si la calificamos de pestilente y a punto de generar un problema muy grave de salud pública. No se trata de una novedad. Se ha denunciado en innumerables ocasiones, tanto desde estas páginas como en los plenos del Ayuntamiento. Pero la cuestión es que no solo no se ha solucionado, sino que va a más. El problema se ha cronificado.Hay aceras que son auténticos vertederos. En muchas, si te quedas parado diez minutos, los pies se adhieren al firme. Los contenedores y las papeleras están a rebosar y sus alrededores dan asco. Los jardines y los solares sin construir son reductos de ratas y desperdicios. Las colillas, los papeles y los chicles pegados al suelo son parte de un mobiliario urbano que en su mayoría está inutilizable, también por la suciedad y el abandono. Este es el término que mejor define la situación. Abandonados a su suerte están los habitantes de la urbe más poblada del archipiélago y quienes la visitan, que son muchos, se ven obligados a transitarla y disfrutarla en medio de la inmundicia. Los que arriban en guagua se topan, para empezar, con un parque de San Telmo devastado y sucio hasta límites intolerables. Es una ciudad para transitarla con mascarilla, no por la covid-19 sino por el asco. Y pasan los días, los meses y los años y desde el Ayuntamiento se mira para otro lado, con una pinza en la nariz, espero.